Bajo un canopi azul, más de una decena de niños con tos y síntomas de gripe hacen fila. Esperan que les coloquen bajo la axila un termómetro. Del resultado puede depender su ingreso al hospital o regreso al hogar.
Un número similar de pequeños con sus padres está listo en el Servicio de la Emergencia. Adentro se escucha a cada momento un monótono "que pase otro".
Cuatro médicos con sus mascarillas N95 están preparados para atender la fila que parece que nunca termina. Atienden a unos y llegan otros, parece algo automático y todos con los mismos síntomas de gripe.
Las escenas se repiten un día sí y otro también en el Hospital San Bartolo, uno de los centros del gran San Salvador que resiente como ninguno el impacto de las consultas e ingresos por neumonía.
Por la sala de Emergencia pasan 300 pacientes diarios, el doble que hace dos meses cuando se brindaban 145 consultas diarias en promedio. Tres de cada cuatro pacientes son niños, la mayoría con mocosera y tos. Los más graves, de ocho a 15, son ingresados a diario al Servicio de Pediatría, un espacio que hace días colapsó. Ya no da más.
Consta de 26 camas y es el módulo que ocupó durante años el Hospital San Rafael como espacio provisional después de los terremotos de 2001.
"Estamos usando camas. Algunos niños han estado endosados (juntos en el mismo espacio) y, desgraciadamente, en sillones y canapés", comentó la jefa del servicio, Antonieta de Chávez.
Los ingresos aprietan al hospital y obligan a ampliar espacios. Hoy, el área de dengue está ocupada por infantes con neumonía. Ayer había 40 infantes ingresados por esta grave infección respiratoria y diez más por otra patología. En días anteriores, el número alcanzó los 65, el triple de su capacidad instalada.
Si Salud Pública no se decide todavía por la declaración de alerta roja, la epidemióloga del hospital, Irma Aparicio, no duda de que el centro está en ese color. La curva del corredor endémico, que mide los ingresos, salió de la zona de seguridad y ahora está en el color rojo, un signo que en términos epidemiológicos significa "máximo riesgo".
En el Servicio de Pediatría nadie puede andar sin mascarilla, el riesgo de infectarse es alto. Los médicos y enfermeras, quienes conviven a diario con el virus, lo saben bien. Ante el incremento de la demanda, la incapacidad de una persona puede ser un duro revés.
Cada vez que puede, Aparicio recorre los servicios para supervisar que las medidas de bioseguridad se cumplan. En el pasillo, en la Emergencia, en Ortopedia y en Pediatría, la especialista recuerda lo evidente: ustedes tienen mascarillas. Quienes incumplen la medida son reprendidos.
En el Servicio de Pediatría, los tres especialistas de día no dan abasto para atender a la cincuentena de niños, algunos de ellos delicados. De Chávez dice que para rebajar un poco el trabajo ni siquiera pueden trasladar a los infantes a otros establecimientos, a menos que estén muy graves en cuyo caso se envían al Bloom.
El resto de los hospitales vecinos está igual, llenos de pacientes con neumonía y atentos al temor del nuevo virus de la influenza A H1N1.
La única válvula de escape es el Centro de Atención de Emergencia de San Martín donde se han habilitado seis cunas. Hasta ahí trasladan a los infantes que ya están estables y a pocos días de irse de alta.
La sobredemanda se atiende con los mismos médicos. Por el día, una pediatra con tres horas contratadas, dos médicos residentes, tres internos y varios estudiantes de medicina. Pocos aunque más que en la noche. En este tiempo solo se queda un médico para ver las salas de Emergencia, Máxima Urgencia, Pediatría, Neonatos y Partos si los hay en el turno.
De planta son tres enfermeras y con la emergencia por la influenza A H1N1 las han reforzado con dos más.
Aparicio manifestó que por lo menos requieren de cinco enfermeras y ocho médicos extra. "Anualmente, en esta época tenemos un incremento de las neumonías, pero ahora se ha cruzado con la influenza A H1N1", agregó la epidemióloga.
En 2007, debido al incremento en los ingresos por neumonía, el Ministerio de Salud decretó alerta amarilla en seis hospitales. Uno de ellos era el de San Bartolo. Dos años después, la historia vuelve a repetirse.
