Tradiciones que pierden fuerza

La feria del segundo viernes de cuaresma representaba una oportunidad para que los comerciantes locales y de otras poblaciones ofrecieran diversos productos a la gente. Pero también había diversión con los juegos mecánicos que instalaban.

E. Maldonado / F. Torres / A. Rivera
2 de marzo 2008

Es una tradición que tiende a disolverse con el paso del tiempo. Y entre los factores que han incidido en ese efecto bien se puede mencionar los avances que trae consigo el progreso.

En el municipio de San Simón, departamento de Morazán, el segundo viernes de cuaresma se realizaba una feria en honor del Señor de los Milagros, explica Yesenia Monteagudo de Hernández, directora de la casa de la cultura de esa localidad.

Hasta antes de la guerra, a finales de la década de los 70, se trataba de una verdadera fiesta en medio de la rigurosidad con que las personas mayores vivían ese periodo de 40 días y que culmina con la celebración de la Semana Santa.

Era la época en que los mayores aseguraban que no se debía hacer actividades como escupir al suelo ni saltar ni gritar, porque era muy arraigada la creencia de que representaba ofensas al Señor.

Tampoco se debía comer carne. Al respecto, el sacerdote Emilio Rivas, vicario de la Diócesis de San Miguel, explica que la cuaresma representa el periodo de oración de 40 días que Jesús hizo en el desierto.

Y sobre el no consumo de carne, ésta "significa placeres" y no ingerirla es una forma de privar al cuerpo de esos placeres, añade el vicario. El Viernes Santo no se consume carne roja, pues la única que se come es la del cuerpo de Cristo, representado en la hostia, dice el cura.

Durante los 40 días hay -y las sigue habiendo- variaciones en el menú, sobre todo cada viernes. Pero eso es algo que ocurre a escala nacional. "Se preparaban tortas de pescado y se acompañaban con tamales pisques", continúa la directora de la casa de la cultura de San Simón.

Mucho de eso se observa en la actualidad, en especial el primer platillo. Y también hay algunos remanentes de la feria del segundo viernes; sin embargo, no reviste la notoriedad antigua.

"De Hernández explica que en la actualidad "todavía llegan algunas ventas, la mayoría de ropa, pero son pocas".

Instalados

En una entrevista por teléfono aseguró que ya hay algunas ventas de ropa instaladas para mañana (por hoy)". Pero explica que "antes vendían jarcia, machetes (y también) ropa". También había juegos mecánicos, conocidas popularmente como las "ruedas".
Uno de los productos más esperados por los sansimonenses era la sal.

La directora de la casa de la cultura relata que "llegaba un carro a venderla, porque era difícil conseguirla y la calle (de acceso) era mala". Para llegar a ese San Simón, se sigue la carretera hacia Perquín. Y cuando se llega a Osicala, se cruza este municipio hacia el oeste. Se toma una calle de tierra. Son unos 11 kilómetros.

La sal era comprada a granel, pues no se vendía embolsada, bajo el amparo de marcas comerciales, como se hace en la actualidad. Y para almacenarla, "la guardaban en tabancos, envuelta en hojas de sal", recuerda De Hernández. Pese a estar envuelta en estas hojas similares a las de huerta, pero más pequeñas, el condimento se ennegrecía debido al humo de la cocina de leña.


 

 

 

p
c
e
c
n
r
m