Costumbres prohibiciones y castigos
Si un árbol no daba frutos, algunos de nuestros antepasados aplicaban medidas muy alejadas de la poda y fertilización.
Elsa Padilla / Francisco Torres / Marlon Beltrán / Alonso Rivera
2 de marzo 2008
Se esperaba el Viernes Santo, se buscaba una rama flexible recogidas de las alfombras puestas al paso de las procesiones, y con ella se pegaba repetidas veces al árbol. La creencia es que con ello daría cosecha y lo justificaban en que "a Jesús lo martirizaron para que la religión diera frutos".
Hay adultos que aún prohiben a los niños correr, gritar o escupir ese día.
Hace décadas, era frecuente que cualquier persona que los viera, y con mayor razón los familiares del pequeño infractor de las "reglas religiosas", los corrigiera con un par de buenos golpes.
Las costumbres llegaban más lejos. En Ahuachapán y otras localidades de la zona occidental, el Viernes Santo las labores del hogar tenían que terminarse, antes que la Cruz fuera colocada en el Altar Mayor del templo. Era una falta grave desarrollar cualquier oficio hogareño después de ello.
Además se acostumbraba que tras la procesión "del Silencio", el Jueves Santo, los vecinos corrieran a bañarse a los ríos, para esperar limpios el Viernes Santo, cuando no debían asearse.
Hay adultos que se indignan al ver a mujeres en la procesión del Silencio, en la que hasta hace algunas décadas, se respetaba el principio de que es sólo para hombres.
"Con el tiempo las mujeres se volvieron maleducadas y dejaron de atender el llamado que hacen los curas para que esta restricción se cumpla", lamenta la sonsonateca Coralia Monterrosa.Si un árbol no daba frutos, algunos de nuestros antepasados aplicaban medidas muy alejadas de la poda y fertilización.
Se esperaba el Viernes Santo, se buscaba una rama flexible recogidas de las alfombras puestas al paso de las procesiones, y con ella se pegaba repetidas veces al árbol. La creencia es que con ello daría cosecha y lo justificaban en que "a Jesús lo martirizaron para que la religión diera frutos".Hay adultos que aún prohiben a los niños correr, gritar o escupir ese día.
Hace décadas, era frecuente que cualquier persona que los viera, y con mayor razón los familiares del pequeño infractor de las "reglas religiosas", los corrigiera con un par de buenos golpes.
Las costumbres llegaban más lejos. En Ahuachapán y otras localidades de la zona occidental, el Viernes Santo las labores del hogar tenían que terminarse, antes que la Cruz fuera colocada en el Altar Mayor del templo. Era una falta grave desarrollar cualquier oficio hogareño después de ello.
Además se acostumbraba que tras la procesión "del Silencio", el Jueves Santo, los vecinos corrieran a bañarse a los ríos, para esperar limpios el Viernes Santo, cuando no debían asearse.
Hay adultos que se indignan al ver a mujeres en la procesión del Silencio, en la que hasta hace algunas décadas, se respetaba el principio de que es sólo para hombres.
"Con el tiempo las mujeres se volvieron maleducadas y dejaron de atender el llamado que hacen los curas para que esta restricción se cumpla", lamenta la sonsonateca Coralia Monterrosa.
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