La Pasión camino de penitencia y perdón
De nuevo, los feligreses católicos llenaron las calles para acompañar las imágenes de Jesús y María rumbo al Calvario.
Lorena Baires
Sábado, 22 de Marzo de 2008
Las tristes notas de una banda regimental marcaron los pasos de María del Carmen de Lara, una feligrés de 64 años, que ha cruzado de punta a punta la calle de La Amargura (6a calle Oriente) por 34 años, cada Viernes Santo, en el Vía Crucis.
Ella reconoce que la juventud perdida ya no le permite hacer el recorrido sola, por eso se acompaña de su hija María Fernanda, quien se convierte en su apoyo.
"Para mí este momento es de plena reflexión sobre la muerte de Nuestro Señor. También es una oportunidad que encuentro para unir más a mi familia. Casi todos andan por acá", relató la señora mientras salía de la iglesia de San Esteban.
Mientras De Lara acomodaba la mantilla sobre su cabeza, decenas de mujeres se confundían en la procesión del Vía Crucis que organizó ayer la Asociación del mismo nombre, con sede en la Iglesia El Calvario.
Como todos los años, la procesión salió de la Iglesia San Esteban a El Calvario.
Más de 50 personas se turnaron cuatro horas para cargar la imagen de un Cristo afligido, rumbo a la cruz en el Gólgota.
César Castro, un joven de 24 años que casualmente observaba el acto religioso, fue uno de los cargadores. Fue un verdugo (miembros de la asociación vestidos de púrpura) quien le pidió ayuda para cargar a Jesús.
"Es como hacer las veces de Simón de Cirene, quien ayudó a Nuestro Señor a cargar la cruz. Me sentí bien ayudando a llevar esa imagen... es bien pesada", comentó, pasado su turno.
Las expresiones religiosas de penitencia, perdón y fe tomaron diversos matices. Muchos cruzaron la calle de rodillas y otros cegaron su vista con un manto sobre los ojos.
Así llegó cansada Marlene Vega, quien entre gruesas lágrimas le pedía al Creador la cure del mal que le aqueja.
"No puedo decirle qué es lo que tengo, pero le digo que son dolores fuertes. Le pido a mi Dios que me dé fortaleza para sobrellevar esta enfermedad. Si él lo permite, que me cure", dijo la señora.
Al filo del mediodía, El Calvario estaba abarrotado de católicos que esperaban en silencio la crucifixión de Jesucristo. El párroco José Escobar pidió al pueblo meditar sobre el momento dramático que se avecinaba.
La imagen que venían cargando durante todo el camino fue cambiada por otra, la de un Cristo desnudo y listo para ser llevado a la cruz.
En silencio, los hombres de púrpura ubicaron el cuerpo en el madero. Tres enormes clavos los introdujeron en ambas manos y pies. De inmediato, la cruz fue elevada en el centro del templo católico.
Muchos fieles lloraban al ver la escenificación del pasaje bíblico que dice: "y allí le crucificaron y con él a otros dos, uno a cada lado, y Jesús en medio" (Juan 19, 18).
Durante varios minutos, la feligresía hizo un profundo silencio y oración. Gloria Margarita de Cuéllar, de la Hermandad Víacrucina, consideró que este año más católicos y niños participaron del acto.
"Ojalá que esta tradición no se pierda y que se fortalezca cada año", finalizó de Cuéllar.
Una obra de arte en sal
Este año, el artista Fernando Llort entregó a la ciudad un delicado diseño de alfombra que decidió titular: "La Alfombra del Palacio". La Fundación Llort y la Alcaldía de San Salvador se encargaron de trasladar los coloridos trazos del pintor, al asfalto de San Salvador.
El dibujo presenta como imagen central a la Virgen María, rodeada de aves y flores.
Guillermo Rivera, coordinador de la municipalidad, consideró que el equipo de trabajo inició labores a las 6:00 de la mañana.
"Hemos utilizado 75 quintales de sal, 75 libras de diferentes colorantes, maíz pintado y crisantemos para la parte central de la Virgen. Hemos trabajado muy fuerte", dijo Rivera.
El fervor fue una fuente de ingresos
Los cánticos y oraciones de los feligreses que ayer acompañaron la procesión del Vía Crucis se rompían con las estridentes voces de los vendedores informales que ofrecían imágenes y recuerdos cristianos.
Ada José López, comerciante de veladoras, aseguró que este año fue mejor que el anterior, ya que vendió más de cien candelas a dólar cada una.
La misma impresión tuvo Carlos Ortega, un vendedor de estampas que vio en la imagen de la Virgen de Guadalupe, fuente de ingresos. Así, la calle de La Amargura (6a calle Oriente) cambió la venta de discos piratas por imágenes de ángeles y santos.
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