Penitentes de la temporada

Los sacrificios físicos de algunas personas durante la Semana Santa, son formas de agradecer o pedir a Dios, favores especiales. Hay ciudades en que son tradicionales

Elsa Padilla / Marlon Beltrán
2 de marzo 2008

El martirio físico, como ofrenda a una divinidad, es una práctica sumamente antigua practicada por diferentes religiones en distintos países.

Los sacrificios humanos, la mutilación y otras prácticas fueron conocidas en diferentes etapas de la historia de la humanidad.

En la actualidad, aún existen estas prácticas. Las procesiones de la Semana Santa son ocasiones para apreciar a personas que se castigan físicamente de distintas formas, la más común ir arrodillados por varias cuadras, tras la imagen.

Son casos especiales y quienes los practican dicen hacerlo en agradecimiento a Dios por favores especiales recibidos, como curarles una enfermedad, solucionar un problema grave u otras razones similares.

Armenia, en Sonsonate, es una ciudad donde tal práctica es común. Los penitentes, acompañados por sus familiares recorren varias cuadras de rodillas. De acuerdo a su criterio, unos agravan su situación evitando que les pongan cartones en el suelo pedregoso, donde van a pasar, otros se vendan los ojos y hay muchos que soportan varias cuadras de esta manera, mientras oran.

Ejemplos

Rosa Huezo, una sonsonateca, explica que quienes efectúan distintas penitencias lo hacen generalmente para agradecer a Dios por beneficios recibidos.

"Son personas que recuerdan el martirio de Cristo y piensan que lo menos que pueden hacer, es sufrir ellos también", indica.

En Armenia, la tradición de los penitentes se observa cada Viernes Santo, explica José Díaz, presidente de la hermandad del Santo Entierro.

Son muchos los que ofrecen como sacrificio caminar descalzos detrás de la imagen, otros lo hacen vendados de los ojos y varios otros de rodillas.

Marcos Pinto, de 28 años, es uno de los muchos que así expresa su gratitud a Dios.

El asegura que desde 2005 se unió a los penitentes, luego que su madre saliera con bien de una intervención quirúrgica hecha en el Hospital Rosales, para extirpar un tumor facial.

"Mi mamá se puso bien mala, se le estaba infestando la operación y fui a pedir al Nazareno por su salud", expresa.

A la semana, la señora se había curado y él juró seguir descalzo la procesión del Nazareno durante cinco años.

Además se unió a la hermandad de Cargadores.

Hay otros sacrificios menos dolorosos.

Carlos Mancía es otro armeniense.

El sufrió un accidente que lo puso en peligro de quedar inválido.

Hace dos años afirma que pidió sanación al Nazareno y se curó por completo . Por ello, desde 2005 es el donante de las túnicas que se colocan a la imagen en Semana Santa.

Su compromiso con Dios es cumplir esto durante siete años.

Manuel Godoy, a sus 97 años, aún ofrece como sacrificio, cargar en las procesiones de Armenia.

En la capital también es frecuente ver a personas que van tras la imagen, unas con los ojos vendados, otros de rodillas.

Son actividades que desarrollan en familia. Hijos, esposos u otros allegados van atrás o delante de los penitentes y les ayudan a no caerse, colocan cartones a su paso o simplemente van con botellas de agua para darles cuando la sed les agobia. Generalmente, el resto de personas que participan en la procesión ven con respeto a quienes hacen sacrificios y tratan de ayudarles facilitando el espacio para desplazarse.

Muchos religiosos también respetan las actitudes de estas personas, pero la mayoría insiste en que todo sacrificio físico debe ir acompañado de la devoción y el recogimiento espiritual.

No sólo en las procesiones hay sacrificios. Muchos, en el hogar practican la abstinencia de ciertos alimentos, mantienen actitudes especialmente respetuosas en fechas determinadas, especialmente el Viernes Santo.

Hay mujeres también que caminan orando y cantando, en algunos sitios llevan palmas adornadas.

Opiniones

Para los cristianos, la Cuaresma es el lapso de los 40 días de penitencia, oración y entrega de Jesús en el desierto, a sabiendas de que moriría por la redención de los pecados del mundo entero.

Es durante este tiempo que muchos creyentes realizan actos de fe y expiación personal, para redimir sus pecados o dar gracias por los favores recibidos. Estos actos van desde la contemplación a través de la oración, hasta el sacrificio del cuerpo.

Según el capellán de la Policía Nacional Civil de Santa Ana, padre Federico González, los penitentes buscan durante la cuaresma la conversión de sus vidas. "Hay personas que lo hacen como un acto de gracia. Es una oración personal que llega a Dios. Cuanto más se ama, más capacidad hay de amar", añade .

Así como Jesús se retira a hacer penitencia al desierto y se encomienda a su padre Dios, así también los penitentes buscan la gracia y el perdón de sus pecados a través del ayuno, caminar de rodillas hacia la entrada de algún templo, ingerir sólo pan y agua y privarse de placeres materiales, entre otras prácticas.

El párroco también argumenta que este es un período de recogimiento y de abstención de muchas cosas.

Es un tiempo de reflexión y de entrega personal para con Dios. La palabra conversión "significa que siempre podemos ser mejores, en la medida que nos abrimos a la fuerza del espíritu de amar", asegura.

El párroco Luis Alonso Coto, del templo de San Juan Bautista, en Cojutepeque, considera que el penitente es aquel que expresa con sacrificios su arrepentimiento y puede hacerlo de muchas maneras para pedir perdón por sus pecados. Pero también es el que se confiesa ante un sacerdote y por penitencia le ponen por ejemplo, visitar a enfermos o reos.

Cree que arrepentirse de los pecados es fundamental y cumplir una penitencia ayuda a ello.

Hay personas a las que impresiona grandemente ver los sacrificios que algunas personas desarrollan, por considerarlos extremos.

"Bien se pueden enfermar por ir arrodillados bajo el sol, no es agradable verlos", considera Sofía Contreras, una capitalina que recuerda haber visto hace varios años a los penitentes en Armenia.

Pero la mayoría está de acuerdo en que se deben respetar las creencias y sacrificios que cada uno hace, cuando es por principios religiosos.

 

 

 

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