Centurión, tradición en agonía
Mientras algunas costumbres se pierden, otras se mantienen vigentes
Francisco Torres
16 de marzo 2008
Una tradición que tenía más de un siglo de existir llegó a su fin hace dos años. Los Centuriones de San Simón, municipio ubicado al noroeste de Morazán, guardaron sus atuendos con la única esperanza de que alguien los invite para las fiestas patronales de poblados vecinos.
Los Centuriones eran parte de la procesión del Santo Entierro. Estos personajes realizan un ritual de danza en la entrada del templo para recibir la urna con el cuerpo del Mesías.
La danza teatro fue suspendida porque las tradiciones riñen con el nuevo método de evangelización que ha implementado Jorge Fuentes, párroco local.
Para Hipólito Santiago, el más antiguo de todos los integrantes del grupo de Centuriones, es inconcebible que se descontinúe la tradición.
"Los Centuriones no deben dejar de bailar, nuestros abuelos lo bailaron y nuestros nietos lo tienen que hacer", aseguró.
De sus 45 años, Santiago ha dedicado 25 a la representación de los Centuriones.
"Todos los vecinos del municipio ayudan para evitar que nuestras tradiciones se mueran.
No entendemos por qué el párroco de la iglesia no nos apoya", se queja.
Se buscó la versión de Fuentes, pero no respondió los llamados a su teléfono celular.
Yesenia Monteagudo, directora de la casa de la cultura del pueblo, explicó que la tradicional danza fue enriquecida con historias bíblicas para no perder el sentido de solemnidad que amerita la Semana Mayor. Por ello, el Centurión del que narra la Biblia, cuyo empleado fue sanado por Jesús, es el personaje principal.
El Baño de la Cruz
En el municipio de Corinto, Morazán, el Viernes Santo tiene lugar la procesión del Baño de La Cruz, un ritual único en el país y que se caracteriza por los coloridos ramos de flores que adornan la cruz de madera, la cual mide cerca de seis metros.
El ritual se inicia a las 6:00 de la mañana, hora en que se reúnen los feligreses en el río Corinto. En este lugar, decoran la cruz con flores que los fieles han recolectado en los terrenos vecinos o han llevado de sus casas. Ahí, rocían con agua del río los arreglos y arbustos para conservarlos frescos.
Después de recorrer la calle principal del barrio La Cruz, la procesión llega a la iglesia donde esperan decenas de feligreses.
Una vez que entran al templo, los participantes colocan los mejores arreglos en los pilares y en el altar mayor del templo.
"Antes sólo participan hombres en la procesión, pero ahora también van mujeres porque todos acompañan después la procesión del Vía Crucis", dice Blanca Idalia Villatoro, secretaria de la iglesia.
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