Ramos para recibir a Jesús de Nazaret

En algunos templos, las palmas son regaladas a los feligreses. En otros, como El Calvario, las venden.

Evelyn Chacón
15 de marzo 2008

Decenas de palmas y flores de huiscoyol impregnan de su característico olor la entrada de la Iglesia El Calvario, en el centro de la capital, anunciando el inicio de la Semana Santa o Semana Mayor.

Como una tradición, cada año un grupo de vendedoras, procedentes de Yucuaiquín, La Unión, llegan desde el jueves por la mañana para ofrecer las palmas decoradas, que los católicos utilizaran durante la procesión del Domingo de Ramos.

Las mercaderes permanecen desde el jueves hasta el domingo por la mañana, incluso duermen en el graderío del costado norte del templo, para lograr ofrecer su producto.

Pero lo que sucede en la capital es solo la mitad de su travesía. Ya que los preparativos empiezan en diciembre, "es que debemos pintar las palmas de trenza", explica Ana Batrez.

Estas son obtenidas en el país, pero las palmas y flores de huiscoyol deben comprarlas en Honduras "esas se van a traer una semana o 15 días antes, porque aquí (El Salvador) cuesta hallarlas", comenta Ana Álvarez.

La tradición de estas cincuenta mujeres unionenses tiene más de dos décadas, ninguna pudo precisar la fecha exacta "la niña Carmen empezó a venir a los 14 años y ahora ya tiene unos 60", comenta Batrez.

La tradición de comprar el ramo se mantiene, según la comerciantes "la gente siempre tiene la devoción", dice Alvarez.

Anteriormente, las mercaderes de ramos se concentraban en el atrio del templo creando una paisaje pintoresco, pero actualmente debido al incremento de comercios informales en ese sector, las vendedoras se colocan de forma dispersa.

El fin de semana comerciantes de otros municipios se sumarán al grupo, cada ramo es vendido en $0.50.

El síndico de la Asociación Vía Crucis, de ese templo, Nick Mahomar, explicó que la iglesia reparte algunas palmas, pero debido a que muchos de los feligreses les gusta como las comerciantes las decoran, prefieren comprarlos, y luego pedir que los bendigan para llevarlos a sus hogares.

"La gente las guarda como algo bendito, antes existía la creencia de que cuando había una tempestad fuerte se quemaba una palma en señal de ruego a Dios", recuerda Mahomar.

 

 

 

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