En las entrañas del monstruo mexicano
» Por dentro, el estadio tiene colorido con el logo del club América, atrás de la portería norte.
Viernes, 9 de Octubre de 2009

ASÍ LUCE el Azteca desde el nivel de cancha. A vencer el miedo hoy, Selecta. FOTO EDH / ARCHIVO

El Azteca intimida desde el primer contacto. Su estructura externa figura como un auténtico coloso sin pintura en un espacio de cuatro hectáreas de terreno, con amplio parqueo, con 12 puertas de acceso al público en su fachada, 30 túneles de acceso bajo, rampas que son más amplias que las calles de San Salvador, 22 torniquetes para quienes ingresan con boleto pagado.

Por dentro, el estadio tiene colorido con el logo del club América, atrás de la portería norte. En general, casi todas las gradas de la zona baja son de color. Desde la cancha el estadio se ve normal, pero intimida cuando se sube por las rampas a los sectores populares, donde el espacio de las gradas son estrechos y es inevitable que muchos se mareen un poco. Un empujón inesperado provoca el vértigo. De respeto.

Un sector que está restringido es el área de cancha. Allí hay completa comodidad: camerinos amplios para cada jugador que espera indumentarse, dos camas para masajes y pizarra.

Ese mismo pasaje conduce a un pequeño museo con información de selecciones y clubes que han jugado en el Azteca. Por ejemplo: El Salvador, Argentina, Brasil, Italia así como equipos como Boca Juniors, Universidad de Chile, Palmeiras, Sao Caetano, etc.

También se lista a personajes que han visitado el lugar, ya sea Robin Williams, el ya fallecido Michael Jackson; Steelers de Pittsburg y los Cowboys de Dallas, así como el Papa Juan Pablo II, quien inauguró un altar con la Virgen de Guadalupe el 25 de enero de 1999.

Ya en la cancha, hasta ayer aún seguían instalando los alambres de púas para evitar la invasión de aficionados y la grama era como una mesa de billar. Un gran tour. Un gran reto.