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Ramón Sánchez, encabeza el festejo del gol de Christian Castillo, cuando todo era felicidad. Habrá milagro?
Foto: EDH |
Ahora que el boleto hacia Sudáfrica 2010 más parece un sueño que una posibilidad real, vienen a la mente todos aquellos momentos en que la Selecta hizo buen fútbol durante la hexagonal, y queda la sensación de que este grupo merecía más.
Ya es casi imposible llegar al primer mundial africano de la historia, por lo que a Carlos de los Cobos y compañía lo que les resta es terminar el hexagonal con la cabeza en alto, como profesionales, como lo han hecho hasta hoy.
La Selecta ha tenido baches, es cierto, pero ha sido competitiva en toda la ruta y no ha sufrido goleadas vergonzosas como sí ha soportado Costa Rica a manos de Honduras (4-0) y México (3-0, con el agravante de que este marcador fue en San José ante un "Tri" que no había puntuado de visita).
Lo mejor que ha dejado esta Selección ha sido el boom de exportación de talento nacional al extranjero. Cinco jugadores, más Arturo Álvarez (quien abrazó la patria de sus padres tras años de jugar en la MLS y en selecciones juveniles de EE.UU.), representan los colores salvadoreños en ligas foráneas, y la Selección fue la gran vitrina que los puso ahí.
Además, hay elementos jóvenes que tendrán la oportunidad de crecer y evolucionar su fútbol por tres años más, hasta que llegue la oportunidad de iniciar el camino hacia Brasil 2014.
Esa eliminatoria encontrará a un Zelaya y Castillo más maduros, a un Eliseo Quintanilla con 30 años (esperemos que aún en plenitud física) y a un Álvarez con 28 (mismo caso); en fin, habrá más fútbol y partidos internacionales para piezas jóvenes como Manuel Salazar, Mardoqueo Henríquez o Víctor Turcios.
El panorama pinta mucho más positivo que hace cuatro años, cuando la Azul se quedó fuera de la contienda hacia Alemania 2006.
Además de la exportación, también hay elementos importantes que rescatar en este grupo, la mayoría relacionados directamente con el "cambio de mentalidad" que logró inculcar el técnico De los Cobos: el grupo eligió un estilo de juego, el de mantener la pelota y contragolpear con velocidad, el poner la bola al piso y aprovechar la riqueza técnica y la picardía individual de sus jugadores, el sacrificarse por las bolas que parecen perdidas, el no desordenarse aunque haya asedio del contrario, el no reventar la pelota sólo porque sí, el rompimiento rápido y con toque asociado hasta llegar a la meta rival con verdadera profundidad.
Por todos esos aciertos, la Selecta jamás ha dejado una mala cara en esta hexagonal. Siempre ha quedado la impresión de que su botín debió ser mayor. Pero ha tenido un pecado fatal, y es la falta de gol.
Tanto sacrificio por mantener la bola paga durante los partidos cuando la pelota queda en zona de definición, y ahí es donde ha estado el talón de Aquiles de la Selecta. El mismo De los Cobos remarca y acepta el hecho de que no tenemos goleadores de raza de dónde escoger.
Los números lo dicen. Y el único delantero que torneo a torneo sube dígitos como goleador es Williams Reyes, pero el hondureño nacionalizado no ha podido anotar una sola vez con la elástica nacional, a pesar de su probada estirpe de romperredes.
Para no poner en las espaldas de Reyes toda la responsabilidad, hay que mencionar que Fito Zelaya no ha hecho un tan solo gol en toda la hexagonal. Esto no indica que sea malo, pues su desequilibrio y sus centros han representado goles para la causa cuscatleca; pero su casilla de anotaciones está en cero. Rudis Corrales también ha quedado en deuda. ¿Dónde está el gol, entonces?
Esos goles que faltaron, quizá, habrían cambiado la historia, sobre todo en las cuatro derrotas acumuladas en los juegos de visita, todos perdidos por sólo un tanto de diferencia frente a Costa Rica (1-0), Honduras (1-0), Trinidad y Tobago (1-0) y, el sábado pasado, Estados Unidos (2-1).
Ya de nada sirve llorar sobre la leche derramada. Quedan tres partidos, nueve puntos, y hay que jugarlos con dignidad y con una meta clara: No perder en casa. Ninguna selección ha ganado en el Cuscatlán en esta eliminatoria, y hay que hacer sentir esa presión a Costa Rica (el miércoles) y a Honduras (en octubre, cuando cierre el hexagonal).
En medio de esos juegos está la visita al Azteca, el 10 de octubre, donde también habrá que apelar al orgullo para sacar un resultado positivo, y no la goliza que muchos periodistas mexicanos esperarán.
Hagamos una cuenta final: si la Selección gana sus dos juegos en casa y le saca un empate a México, llegaría a 12 puntos, los mismos que ahora tiene Costa Rica.
¿Qué pasa si los ticos ya no salen de su bache y pierden los tres juegos que tienen en agenda? Ticos y azules quedarían igualados en 12 puntos, y se abriría una rendija para pensar en el cuarto puesto y el repechaje hacia Sudáfrica. Suena a sueño imposible, aritmética y futbolísticamente ridículo. ¿No?