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| Una marea azul en San Pedro Sula. Así se vio a la afición que llegó bien temprano al estadio Olímpico. En las tribunas se vivió una verdadera fiesta cuscatleca. Foto: EDH |
A pesar de no estar lleno, la fiesta en el estadio Olímpico, en San Pedro Sula, fue completa y de hermandad. Ganó el fútbol, los hondureños y los salvadoreños.
En las gradas, fácilmente se encontraban juntos, sin importar los colores y formas (tan parecidos por cierto). Los catrachos se sacaban fotos con los guanacos, que se llevaron un 10 tras hacer un viaje de siete horas.
Algunos cuscatlecos llegaron desde el lunes para calentar motores. Pero la gran mayoría se fue ayer mismo directo al estadio.
De a poco fueron haciendo buen número, sobre todo en el sector Sol Norte, aunque originalmente se había establecido que los mandarían a todos a Silla Norte.
Carteles como "Costa Rica, El Salvador y Honduras vamos al Mundial" reflejaban el sentimiento común de Centroamérica.
Por eso, por el triunfo ante México reciente, el salvadoreño fue uno más en el Olímpico, no un intruso, sino un hermano al que las circunstancias obligó a enfrentar en la cancha. De poderse, todos los presentes firmaban una victoria para ambos cuadros.
En las afueras del estadio, cuando no había un alma aún en las gradas, los revendedores de ambas nacionalidades posaban para los medios. Uno que otro se colaba entre los pocos salvadoreños que había a las 2:00 p.m.
En son de broma, claro, decía recordar lo de 1969, no la guerra, no, el fútbol. A las 3:00 p.m., en el costado norponiente eran más los cuscatlecos que los locales, que fueron llegando en masa desde las 5:00 p.m. Aún así, no colmaron el Olímpico, que tenía más espacio para el fútbol en hermandad.