"Nos sentimos renovados. Se puede ver que los jóvenes están felices, uno ve fe en sus ojos. Eso es muy importante", comentó David Silva Ribeiro, un retirado de 63 años que fue a escuchar al pontífice durante una misa que pronunció frente al santuario de Aparecida.
"Este Papa me gusta mucho, pero decididamente no es como Juan Pablo II", agregó. "Pienso que Juan Pablo tenía mucho más carisma. Parece que a la gente le gustaba más que éste, pero no sé, quizás estoy equivocado... Supongo que Benedicto es más radical en sus posiciones, mientras que Juan Pablo era más ecuménico".
La misa campal que el Papa concelebró frente a la monumental basílica de Aparecida convocó tres veces menos gente que la que esperaban los organizadores: 150.000. Y fue todavía mucho más reducida que la que anticipaba el programa oficial de la visita según la Radio Vaticana: un millón.
Juan Pablo dedicó a Brasil tres de sus 18 viajes a Latinoamérica y pasó por Río de Janeiro rumbo a la Argentina en 1982, con lo que oficialmente cumplió cuatro visitas a este país que tiene más católicos que ningún otro, unos 120 millones.
Benedicto, que siendo el cardenal Joseph Ratzinger, prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, vino dos veces a Brasil, dio a este país su primer santo nativo, fray Antonio de Sant'Anna Galvao, a quien proclamó ejemplo de vida ante los desafíos que enfrenta la Iglesia católica en toda Latinoamérica.
"Realmente creo que el Papa está llegando a la gente. A veces podemos pensar que lo que dice no es tan importante, pero lo escuchamos", dijo Wilson Jesús Jorge, un estudiante de 16 años. "Y ahora tenemos un santo brasileño, esto es realmente importante para nosotros".
En uno de sus mensajes de mayor repercusión, Benedicto XVI advirtió a los que comercializan drogas que van a tener que rendir cuenta ante Dios. Y reiteró su prédica de defensa a la vida desde la concepción hasta la muerte natural.
"El Papa ha sido muy valiente en lo que nos dijo aquí en Brasil, donde nos habló sobre algunos temas espinosos como la castidad, el aborto, toda la violencia y miseria que tenemos aquí. Y la gente necesitaba oír algunas de estas verdades y darse cuenta de que tenemos que hacer algo", dijo María Auxiliadora, una empleada pública de 57 años.
"Pero no servirá de nada si después que se va la gente se olvida de todo lo que dijo".
En este país donde el número de católicos ha disminuido paulatinamente en los últimos lustros, en especial ante el avance de sectas y de iglesias evangélicas, el pontífice pidió el apoyo del clero y de los laicos para renovar el entusiasmo religioso y reconquistar almas.
María Costa, una retirada de 68 años, dijo que "los católicos no se habían sentido muy bien con la Iglesia. Creo que es por eso que tantos se van. Y espero que eso pueda cambiar ahora".
Y para Orandir Araujo de Oliveira, un retirado de 62 años, la presencia del Papa "nos ha dado un gran mensaje de fe. La Iglesia aquí necesitaba un empujoncito".
Benedicto pronunció su mensaje más enérgico a los obispos del continente al final de su gira de cinco días.
Les exigió una Iglesia despolitizada que contribuya a cimentar los valores morales de una sociedad justa, y recibió calurosos aplausos de los obispos de todo el continente cuando les dijo que cabía superar "las falsas promesas" del marxismo y el capitalismo.
Benedicto, al igual que sus dos predecesores, inauguró una conferencia del episcopado continental en su primer viaje a Latinoamérica.
Pablo VI, en su única visita al continente, dejó inaugurada la II Conferencia en Medellín en 1968, y Juan Pablo II inauguró las de Puebla (México) en 1979 y de Santo Domingo en 1992. La única que no contó con la presencia de un Papa fue la primera de Río de Janeiro en 1955, a la que Pío II le envió una carta especial.
El pontífice se va con la satisfacción de haber logrado repercusión entre los fieles, pero se va sin haber podido lograr una palabra esperanzadora de Lula con respecto al concordato, un acuerdo en el que al Vaticano le encantaría incluir la enseñanza obligatoria de la religión en las escuelas públicas, beneficios fiscales para la Iglesia y autorización para la presencia de misioneros en reservas indígenas.
En una reunión a puertas cerradas con el presidente Lula, Benedicto le manifestó su interés de que hubiese una firma de acuerdo durante su pontificado o durante el mandato presidencial del anfitrión.
Lula le dijo que Brasil seguiría siendo un país laico y no dio ningún indicio de que tenga intención de firmar un concordato, que a juicio de los observadores no tiene la menor posibilidad de concretarse durante su presidencia.
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