Sao Paulo
La Iglesia está "en fiesta'' dijo el papa Benedicto XVI a miles de personas congregadas el miércoles frente al monasterio que le servirá de morada durante su visita a Brasil.
"Es una Iglesia en fiesta. En todos los rincones del mundo están rezando... Cuento con ustedes y sus oraciones'', dijo el pontífice desde el balcón del Monasterio de San Benedicto, en el centro de Sao Paulo, donde el Santo Padre llegó en la jornada para una visita de cinco días.
"Gracias por haber venido... buenas noches, obrigado (gracias)'', agregó en su rápido mensaje al final del cual impartió la bendición y obtuvo de respuesta un sonoro "amén!'' de las más de 5.000 personas reunidas en la estrecha plaza frente al monasterio de cuatro siglos. La multitud ocupaba también las calles adyacentes.
Desde lo alto de los edificios de oficinas y comercios cercanos se podían ver las ventanas plenas de personas que intentaban dar una mirada al visitante.
Una pertinaz lluvia y una inusual baja temperatura de unos 18 grados centígrados parecieron minar el ánimo de los paulistas, quienes estuvieron prácticamente ausentes del recorrido del Papa entre el Campo de Marte, un aeropuerto metropolitano, y el monasterio, un complejo de 10.000 metros cuadrados y tres pisos, el primero ocupado por el pontífice y su delegación.
Detrás de un vidrio antibalas colocado en el balcón del primer piso, el Papa se despidió de la multitud que abajo ondeaba banderas de Brasil, Argentina y Chile, entre otras.
A la plaza, con escasos árboles y marcada por una estación del tren subterráneo, muchos llegaron temprano, pero la zona sólo quedó copada después que el avión del Papa aterrizó cerca de las 1900 GMT y comenzaron a tañer las campanas de la iglesia del monasterio.
"El es la autoridad máxima de la Iglesia, si viene gente desde Argentina a verlo, cómo es que nosotros no vamos a aprovechar la oportunidad aquí'', dijo Regina Shin, una dentista de 38 años, apretada entre un grupo de amigas minutos antes que el Papa apareciera a bordo de su "papamóvil''. "A mí me parece un Papa correcto. El habla sin medias palabras y dice todo claro'', agregó sonriente.
A poca distancia Alberto Zucchi, de 45 años, un fiscal de la oficina tributaria de Sao Paulo, dijo que esperaba que el "Papa condene el aborto, el casamiento entre homosexuales... todas esas leyes inmorales que están por ahí en el congreso'' brasileño.
No todos parecieron estar de acuerdo.
"No soy católica, no creo en ese hombre'', dijo Alipa Sakano, una estudiante de 24 años, quien pasó por la plaza frente al monasterio. Pero Sakano tampoco se mostró favorable a algunas escenas ocurridas en la plaza más temprano: desde un hombre que la recorría jugando con un balón de fútbol hasta otro disfrazado de Bin Laden.
Un tercero ondeaba una enorme bandera negra reclamando justicia para su hija quien dijo murió en abril baleada en una barriada pobre de Río de Janeiro.
Todas esas escenas estuvieron sazonadas primero con cantos gregorianos difundidos por parlantes ubicados en las esquinas del monasterio y más tarde por un banda militar que entonó desde conocidas sambas hasta temas musicales como el de la película "Misión Imposible''.
"Brasil es así, un país para todo'', comentó Carmecí Rodrigues, de 36 años, quien prepara dulces caseros para vender. "Esto es una oportunidad única'', agregó. |