Marina Saravia trabaja en un restaurante en Arlington, Virginia. FOTO EDH

Compatriotas viven una Navidad lejana

Añoran su tierra, su familia y amigos, más en esta época que el resto del año

El Diario de Hoy
Lunes 24 de diciembre de 2007

 
Después de 16 años de residir en Estados Unidos, Rosa López afirma que no hay nada como pasar el fin de año en El Salvador. La inmigrante de Chirilagua, San Miguel, dice que en estas fechas la añoranza está a flor de piel y se extraña aún más a los seres queridos.

"Quería viajar para pasar la Navidad con ellos, pero no pude, no alcancé a organizar todos los documentos que necesitaba para tramitar el pasaporte", dice López, de 34 años.

La compatriota trabaja desde hace varios años como cajera en un café privado. En 2001 obtuvo su residencia y actualmente está a la espera de que le llegue la cita para la entrevista de la ciudadanía estadounidense.

Como inmigrante, tuvo que vivir varios años encerrada en la que muchos llaman "la jaula de oro", el país que les da trabajo, vivienda y oportunidades, pero que por falta de documentos migratorios no les permite salir para visitar a sus familias.

"Por 13 años no pude ir al país y era bien triste pasar estos días aquí, se siente bien mal porque uno ve que todas las familias quieren estar juntas y muchos organizan su viaje para reencontrarse con sus seres queridos y uno se siente solo y tan lejos de casa", recuerda López. "Extraño la alegría de la Navidad en El Salvador, porque no hay nada como estar en compañía de tus seres queridos. Eso es lo mejor".

Tiene una nueva vida Ahora, López tiene dos hijos y una vida construida en este país. "Ya hice mi vida aquí (en Estados Unidos), y mis hijos están progresando, ahora puedo salir y entrar, y eso de cierta manera me da tranquilidad".

A pesar de todos los cambios en su vida y de su estabilidad migratoria, ella sueña con levantarse en el hogar de sus padres en Chirilagua y ser consentida. "Me imagino levantarme y tomarme un chocolate como sólo allá lo hacen, o una leche hervida".

A sus padres, Pilar Merino y Pedro López, la compatriota les envía un caluroso saludo en esta fecha, y expresó a través de elsalvador.com su deseo de reunirse pronto con toda la familia.

"Que pasen unas felices fiestas, que disfruten mucho de esta época del año y que Dios los tenga alentados", dice la joven, que como muchos compatriotas pasará la Navidad lejos de su país.

Jorge García es originario de Santa Ana, pero vive en Los Angeles, California, donde se dedica a vender bienes raices. Llegó a Estados Unidos hace 30 años. FOTO EDH

Extraña el calor humano

Jorge García se destaca en Los Ángeles como un empresario de Bienes Raíces que radica en este país desde hace 30 años. Aunque la mayoría de su familia emigró de El Salvador, a él le gusta regresar a nuestro país para disfrutar del "calorcito humano de nuestra gente".

Desde hace varios años, García viaja en la temporada de fin de año a visitar a su madre y su hermana, que residen en el país. Este año no lo hizo porque su madre vino a visitarlo.

"De El Salvador extraño todo, empezando por los lugares donde crecí en Santa Ana", dijo García, de 50 años de edad. Sin embargo, lo que más le hace falta en esta época es la alegría de la gente, a pesar de que las circunstancias económicas son diferentes.

"En El Salvador quizás hay menos regalos, pero hay más alegría, más calor, más unión y más espíritu navideño", recordó. "De hecho, solo basta ver cómo se ven las calles llenas de gente, la pólvora y la alegría de la gente para sentir esa gran diferencia".

Este compatriota siente que estas fiestas son más frías en este país aunque cada familia de inmigrantes intenta hacer lo posible por festejar con sus propias tradiciones en esta tierra ajena para sentirse así más cerca de los suyos.

Un saludo para mi hermana, Dora Alicia García, que está en Santa Ana:"Te extraño mucho, y este año mucho más, porque no estaré allá para festejar contigo".

 

Tamaleada lista para darse gusto

Marina Saravia, una mujer de pocas palabras y de sonrisa franca. A sus 22 años añora ver a sus dos hijas que ha dejado con sus padres en El Salvador; Karla y Keiry, de 7 y 8 años, respectivamente.

Marina pasará la tercera Navidad en Estados Unidos. Como muchos, su condición de indocumentada no le permite más que tener comunicación a distancia con sus padres e hijas que están en el municipio de Sociedad, Morazán.

Para amortiguar la nostalgia de estas celebraciones navideñas lejos del resto de la familia, Marina y sus tres hermanos, residentes en Arlington, Virginia, están listos para disfrutar de una comida especial en Nochebuena.

"Vamos hacer unos tamales, aunque no es igual porque con la harina esa de maíz los tamales no quedan igual, que como moler uno el maíz, y las hojas de huerta no se encuentran", dice.

Esta joven, que trabaja en un restaurante salvadoreño de la calle Columbia Pike, en Arlington, no esconde la nostalgia que salpica esta fechas. "Es más triste aquí y como no hay nada de bulla y uno la pasa algo solo", comenta.

En un ambiente generalizado de limitaciones en horas de trabajo para miles de inmigrantes, Marina también reciente la falta de trabajo, pues en el restaurante donde labora a medio tiempo, solo tiene plaza por tres días a la semana.

Con la falta de ingresos también se vuelve más difícil mantener los flujos de remesas a sus familiares en El Salvador, de donde periódicamente recibe noticias de que el costo de la vida sigue en aumento.

Como deseos para el próximo año, Marina espera que su condición -como la de unos 12 millones de indocumentados que viven y trabajan en Estados Unidos- mejore aunque sea con menos persecución desde las autoridades y los condados.

"Recordar no es volver a vivir"

Gerardo Sánchez recuerda las largas y satisfactorias jornadas de graduaciones, fiestas rosas, bodas, eventos religiosos y cuanto acto memorable acostumbraba a captar como fotógrafo en la ciudad de San Miguel.

A la vez, guarda remembranzas de las fiestas de fin de año, las que no han tenido el mismo brillo desde que dejó su tierra natal en 2001.

Gerardo describe como un logro el que su esposa Isela y las cuatro hijas de la pareja hayan completado con éxito la travesía desde El Salvador hasta EE.UU. hace dos años.

"Aquí la Navidad es como más silenciosa, y uno extraña ir a visitar a los familiares y amigos en Nochebuena. Pero, hoy es diferente, porque estoy con mi esposa y mis hijas. Los primeros cuatro años fueron amargos", comenta el salvadoreño.

Gerardo, que como a muchos inmigrantes le tocó realizar trabajos en los que su misma vida colgaba de las cuerdas, a razón de la destreza con que debía manejar los cables de las pesadas grúas en la construcción, pronto enfiló sus objetivos hacia la pasión y oficio con que ha mantenido a su familia por más de una década: la fotografía.

Con una cartera de clientes predominantemente hispanos, Gerardo ha logrado fundar un estudio fotográfico y de producción de videos, ubicado en el multiétnico barrio de Colombia Heights, en Washington D.C.

"Yo estoy contengo porque quizá esto no podría tenerlo en El Salvador", dice al manipular el equipo de revelado con doble función análogo y digital.

En la víspera de la Nochebuena, Gerardo dice que la mayor emoción la conservan sus cuatro hijas: Katerine, Keiry, Isela y Tirsa, quienes están emocionadas con los regalos y la comida. "Nosotros mantenemos la tradición, ya pusimos el arbolito y en la noche del 24 hacemos el pollo y los panes y nos reunimos con la familia que tenemos aquí".

El salvadoreño matiza, sin embargo, que "no es lo mismo, porque hacen falta los cohetes para darle alegría".

Este compatriota, que es beneficiario del Estatus de Protección Temporal (TPS), comenta que aunque el permiso de trabajo proporciona cierta seguridad, a la hora de ver hacia su país, con los deseos de volver para abrazar a su mamá en estos días festivos, el permiso se vuelve prohibitivo por lo que en la noche buena y fin de año deberán recurrir a la comunicación por teléfono.

Gerardo Sánchez ha logrado montar su propio estudio fotográfico y de producción de videos en el barrio de Columbia Heights, en Washington D.C.

 

 

 

ARRIBA




 

© 2007 - elsalvador.com
Todos los derechos reservados
- Aviso Legal -