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A finales del siglo XIX la mujer decidió abrirse campo en el mundo de los negocios.
Ubicada en un escalón abajo del hombre, relegada a atender la casa y a cuidar de sus hijos, tuvo que cambiar su aspecto para poder colocarse al mismo nivel.
"Debió recurrir a un estilo de vestuario similar al masculino que le otorgara seriedad y presencia, que le permitiera ganarse el respeto de los hombres", sostiene la experta en protocolo y etiqueta Lilian Díaz Sol. "Su atuendo pasó a inspirarse en el suit de hombre", agrega.
La diseñadora Coco Chanel influyó directamente en esta revolución. En la primera mitad del siglo XX, sus creaciones liberaron a las damas de las ballenas y rellenos, introduciéndolas en el escenario de la chaqueta y la falda de corte recto.
Esta última con menos tela que la que se acostumbraba. Además puso de moda el pantalón, brindando una comodidad que hasta esa época era exclusiva de los hombres.
Fue así como los vestidos pasaron a un segundo plano y se le dio cabida a los trajes de chaqueta y falda y chaqueta y pantalón. La sobriedad tomó posesión tanto en diseños como en accesorios. De esta manera, se instauró el uniforme de negocios. Dicha línea fue retomada por otras firmas, entre ellas Dior, Armani, Ralph Lauren y St. John.
Constante
A pesar del paso del tiempo y de los cambios que han habido a lo largo de los años, el estilo ejecutivo no ha sufrido grandes variaciones. "Lo que a veces se hace es jugar con colores, texturas o detalles como el largo de la chaqueta", explica el diseñador salvadoreño José Domínguez.
"Pero en ese campo, no hay más nada qué hacer. El molde ya está inventado, incluso ya forma parte de la mentalidad de cada persona. Es un código de etiqueta en la oficina", expresa.
Efectivamente, con dificultad se verá a personas en jeans y camiseta en una reunión de negocios.
Se tiene una idea clara de cómo vestir para ir a trabajar. Lo formal se impone a lo casual.
Contrario a lo que se pueda pensar, los patrones no los dictan los diseñadores de ropa, sino las personas que conforman la sociedad.
De acuerdo a Lilian Díaz Sol se parte de investigaciones científicas, en donde se valoran variantes cuantitativas y cualitativas que revelan la percepción de la gente en cuanto a la manera de vestir.
Dichos estudios están a cargo de consultores de moda. Uno de los más famosos es John T. Molloy, autor de Women´s Dress for Success.
En su libro, Molloy se enfoca en cuál es el vestuario ejecutivo ideal que les permitiría a las mujeres triunfar en los negocios.
Lleva a cabo encuestas y experimentos. Uno de ellos refleja que cuando la gente se viste mejor, recibe un trato superior y tiene mayor credibilidad que cuando no.
Molloy también analiza los colores a través. Otra de sus investigaciones proyecta la cantidad de connotaciones que un traje gris puede generar.
Combinándolo con una blusa blanca puede agradar, pero con una negra, puede agredir. Según Díaz Sol, estudios como éstos se realizan todos los años.
Los caminos de la moda
A inicios del siglo XX, las prendas para mujeres empiezan a dejar de lado el estilo vaporoso y se le apuesta a los cortes rectos. Christian Dior es uno de los primeros que sigue esta línea. La ropa femenina se inspira en la vestimenta de los caballeros y hombres de negocios de aquella época. Ésta se mantiene hasta hoy.
PARA VESTIR CON ÉXITO
La experta en etiqueta y protocolo Lilian Díaz Sol recomienda:
- No llevar escotes pronunciados ni ropa sexy. Restan credibilidad en la oficina.
- No usar pantalones cuando trate directamente con hombres en negocios. Lo ideal es el suit de falda.
- Emplear zapatos cerrados y de tacón en la oficina. Las sandalias quitan seriedad.
- Utilizar medias de un color neutro (color de la piel).
- Usar un abrigo que cubra la falda o vestido.
- No quitarse la chaqueta en la oficina.
- No usar anteojos de diseñadores en el trabajo. Son demasiado estrambóticos.
LO QUE DEBE TENER EN EL GUARDARROPA
- 2 chaquetas: una negra y una blanca, pues van con todo.
- 2 faldas: una gris y una blanca
- 2 pantalones: negro y azul marino
- 2 vestidos: un rojo y un verde, ya sea manga larga o 3/4
- 2 blusas sólida: gris hielo y roja
- 2 blusas estampadas: no floreadas
- 2 sweaters: magenta y azul marino
LO QUE NUNCA DEBE USAR EN EL TRABAJO
- Colores pasteles como el rosa, el amarillo suave y los verdes en sus diversos tonos, las blusas con escotes pronunciados y los estampados. La oficina es un lugar serio.
- Sandalias. Restan autoridad y presencia. Lilian Díaz Sol establece un parámetro para determinar si llevarlas o no: "Si su jefe es hombre, ¿le gustaría que llegara en sandalias?
- Cabello suelto. Sólo es conveniente usarlo de esa manera cuando es recto y hasta los hombros.
- Accesorios colgantes y bulliciosos. Las opciones más acertadas son las discretas y sobrias, como los aritos pegados.
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