Iglesia El Calvario
Con ese espíritu debe verse la iglesia de El Calvario con vestigios de grandeza arquitectónica y ornamental desde sus cimientos, desde que el 10 de agosto de 1660, fray Payo Rivera, obispo de Guatemala y Verapaz, dio la autorización para la construcción del templo. El propósito fue atender las festividades de cuaresma y Semana Santa.
En el siglo XVII la primera iglesia de El Calvario medía 16 varas y estaba a la orilla de la ciudad, en la ubicación actual. Se había edificado de cal y canto.
La iglesia fue destruida por el terremoto de 1854. La segunda se construyó de madera, pero fue consumida por un incendio el 24 de enero de 1908. Algunas de las imágenes fueron rescatadas, entre ellas las de Gestas, el ladrón malo.
Después se erigió una ermita provisional, pero al mismo tiempo se dieron los primeros pasos para la construcción de un templo de cemento armado, siguiendo las líneas tradicionales de la arquitectura italiana y española: el gótico, arte religioso por excelencia. Los trabajos fueron dirigidos por el ingeniero Augusto Baratta.
En 1925 fue nombrado como vicario de la iglesia el padre somasco Juan Garacino. De él contaba el padre Agustín Griseri, quien fuera párroco de ese templo, que era “tan bueno como el marquesote”.
Tres veces por semana hacía un recorrido por los mercados pidiendo limosna y otras tantas visitaba las casas de los feligreses.
En su tiempo se terminó de construir el extremo norte de la iglesia. Se edificaron cuatro altares y se dotó al templo de una cúpula con vidrieras de color provenientes de la casa Albano Macario, de Turín, Italia.
En la monografía de la iglesia El Calvario, el padre Agustín Griseri relata que el sábado 29 de mayo de 1932 se inauguró la primera parte de la iglesia: “... Cuando ingresamos al templo brotó de todos los corazones al unísono un grito de amor: ¡Viva el Divino crucificado! ¡Viva el Santo Patrono!”.
De 1938 a 1950 se concluyó la obra, que fue consagrada por monseñor Luis Chávez y González el 20 de enero de 1951. |