"Cristiani tenía la altura de estadista para hacer la paz"

Compromisos. Aunque algunos aceptan que hay presión por el acuerdo, cumplirán Piensan en el rédito electoral de 2009


Ricardo Chacón/Ciro Granados
6 de Enero de 2007
El Diario de Hoy

El ex dirigente del FMLN, Salvador Samayoa, habla sin reparos del sentimiento que se vivía dentro de la organización guerrillera cuando comenzaron las pláticas para la paz. Tras 15 años del fin de la guerra cree que la polarización seguirá

Uno de los artífices de los Acuerdos de Paz que dieron fin al conflicto bélico hace 15 años, Salvador Samayoa, conversó ampliamente con El Diario de Hoy no sólo sobre la gestión de los diferentes actores que participaron en las complejas negociaciones, sino los hechos nacionales e internacionales que, sumados, permitieron terminar con el conflicto.

Los entretelones de los acuerdos tienen que ver con personas, como Alfredo Cristiani o Schafik Hándal, pero también naciones como Estados Unidos, Cuba y otras que directamente intervinieron ; pero sobre todo, de los procesos históricos que permitieron callar las armas y que está relacionado con la "caída del muro de Berlín" terminándose no solo la utopía socialista sino la llamada "guerra fría", el fracaso del camino militar para uno y otro bando, pero por sobre todo, la urgencia de la población para que las armas callaran.

Samayoa, además de ser uno de los participantes de los acuerdos, como representante del FMLN, fue un observador de los acontecimientos que los consignó con rigor en diversos documentos históricos.

Sin más preámbulos, aquí lo conversado con Samayoa.

¿Qué espíritu originó los Acuerdos de Paz?

Es importante decir que cuando comenzó el proceso de negociaciones no había una convicción plena ni homogénea en ninguna de las dos partes acerca de las posibilidades, la viabilidad y la bondad del proceso. Había personas, en ambas partes, en posiciones de poder o de influencia que tenían convicción, pero no todos. Esto comenzó con un espíritu de diálogo relativamente débil, pero para ambos tenía un valor táctico en un proceso que seguía siendo de confrontación. Poco a poco con el tiempo se fue construyendo la confianza. Lo más rescatable del espíritu que privó en ese tiempo fue la voluntad de perseverar a pesar de todas las dificultades y construir una solución política a un conflicto armado

¿Se comenzó casi como una farsa?

No. Eso sería un calificativo demasiado duro y no ajustado. Pero sin suficiente convicción y sí con valor táctico político, tanto el FMLN como del Gobierno para exhibir una cierta voluntad de diálogo que la estaba pidiendo toda la comunidad internacional. Veían la negociación como una manera de responderle a esa exigencia de la comunidad internacional y de algunos sectores políticos internos.

¿Creció ese espíritu de llegar a grandes cosas luego de la firma de los Acuerdos, o decayó?

Ya firmados, hay que distinguir varios periodos en estos 15 años. El primero va desde la firma hasta las elecciones del 94, donde hizo falta mucha voluntad de paz y de concertación y de reconciliación, porque había que expresar en leyes los acuerdos políticos, en la creación de instituciones, y eso significó mucha voluntad y diálogo. Ahí se profundizó la convicción de los actores principales en la necesidad de concertación para consolidar el proceso. La Asamblea Legislativa tuvo un papel importante, y en la última parte del gobierno de Cristiani también.

Después, con el Gobierno de (Armando) Calderón Sol también prevaleció este espíritu de diálogo, consolidación de las instituciones y de la reconstrucción del país. Creo que es más bien casi a inicios del quinquenio pasado cuando ese espíritu se comenzó a deteriorar de manera importante; tuvimos un periodo de bache. Y ahora se está recuperando, creo, con buena intención

Si bien los acuerdos terminaron el conflicto armado, fueron más allá. A 15 años ¿fueron buenos esos acuerdos?

Sin ninguna duda.

¿Dieron lo que se esperaba, aparte de terminar la guerra?

Sí, pero la parte de la guerra no hay que mencionarla como de soslayo, porque dejar de matarse y de utilizar la violencia política como recurso fundamental no es ningún logro secundario. No fue hacer un cese de fuego nada más, sino superar la apuesta a la violencia política por parte de los actores, y esto no es sencillo.

Aquí no sólo había guerra en el sentido militar, sino que había bombas, guerra sucia, intimidación, represión y violencia en otro sentido, y eso se erradicó. Dicho esto, creo que El Salvador a nivel de la reforma política ha avanzado más en este periodo que en toda su historia política anterior. En libertad de expresión, la tolerancia, el respeto, el pluralismo creo que es ejemplar.

Se dejaron las armas, pero ahora estamos frente a otra guerra más ideológica o partidarista ¿Hay necesidad de nuevos acuerdos de paz en el ámbito político?

No estamos en una guerra, estamos en una confrontación estrictamente política. El único incidente relevante de violencia en estos 15 años es el 5J, y decir eso... mire cómo conmocionó a la sociedad entera. No estamos en una guerra.

¿Son necesarios otros acuerdos para una paz política?

Es que yo no creo que debe haber paz política, eso no es sano para el sistema. Debe haber contienda y confrontación política siempre, esa es la esencia de la democracia. Aunque, creo que debe haber un aprendizaje cultural, en formas y procedimientos civilizados para hacer esa contienda. Paz política no necesitamos, paz social sí, porque tiene que ver con la satisfacción de necesidades básicas de la población para que no haya inestabilidad en el sistema.

Si bien la confrontación de ideas distintas siempre es sana para un país, también es cierto que la polarización es un obstáculo para avanzar. ¿Cómo congeniar entonces esa sanidad democrática con la polarización?

Aquí le llamamos polarización a algo que no lo es.

Me refiero a la política del "No" del FMLN, por ejemplo.

La oposición es dura, difícil y negativa en cualquier parte del mundo. Aquí, como antecedente, la oposición que le hizo ARENA a la Democracia Cristiana fue mucho más ruda que la que le han hecho a ARENA otros partidos. La oposición siempre tiene un nivel relativamente alto de negatividad, de veto y de tratar de impedir.

¿Cuál es la característica fundamental que permitió llegar a los Acuerdos de Paz?

Había factores internos, comenzando por la parte militar. El Gobierno había hecho un esfuerzo continuado, con recursos comparables con la guerra de Vietnam. En el 89, el gobierno de Estados Unidos se topa con que el ejército no está más cerca de vencer a la guerrilla que hacía 10 años. Y la guerrilla también hace un esfuerzo militar en el 89 y no le alcanza. Eso no quiere decir que ambas fuerzas estuvieran derrotadas.

Punto dos: creo que el tema del asesinato de los jesuitas le acarreó una condena política a la parte militar del gobierno que terminó siendo muy decisivo.

Tercero, la situación internacional. El factor más importante es que cayó el muro de Berlín, los sucesos de la Unión Soviética le hicieron ver a los Estados Unidos por primera vez en cinco décadas que ya no tenían la preocupación del expansionismo soviético-cubano en el área y por lo tanto ya no tienen una razón de estar aliados con regímenes latinoamericanos que habían sido represivos. Si hubiera estado fuerte la Unión Soviética y el bloque socialista, Estados Unidos no se habría abierto a, por lo menos, tolerar la solución negociada en El Salvador.

¿Estaban bien involucrados, como Estados Unidos, el bloque soviético?

No. Hay que aclarar que El Salvador fue bien diferente a Nicaragua. Aquí, ciertamente tenía la guerrilla el respaldo de Cuba y de Nicaragua, pero no dependía.

¿Y las armas?

En el 80, el primer lote más o menos grande vino del campo socialista, pero eso se fue modificando en el curso de la guerra. Llegó un momento en que se dependía fundamentalmente de la recuperación de armas al ejército. Por otra parte, el FMLN aprendió bien a usar el mercado negro de las armas, una tubería grandota siempre fue el ejército hondureño y su corrupción, y creo que sigue así. Ya cuando quiso escalar de calidad en el potencial militar, con el caso de los misiles, ahí sí; no lo podía hacer sin la ayuda del régimen sandinista.

¿Fue la izquierda socialista del mundo la que fue determinante entonces, porque no solo fueron los de acá?

Hay que recordar que los cubanos no estaban saltando de felicidad con la negociación, no les gustaba. Ellos querían triunfo o la prolongación. El FMLN tuvo capacidad de jugarse una carta política con bastante independencia. A nosotros, yo estaba en la dirección del Frente en ese momento, nos influía más gobiernos como México o España, que eran vitales, porque todas nuestras operaciones política, diplomáticas, de prensa en realidad la teníamos en Estados Unidos, Europa occidental y México. Influían más que otro régimen.

¿Quién visualizaba con más claridad en el FMLN caminar por esta vía, que era inédita y que no tenía la benevolencia de los cubanos?

Le concedo un papel, sin ser pretencioso ni arrogante, a los tres que negociamos por el Frente en la comisión pequeña, Schafik, Ana Guadalupe Martínez y yo, creo que tal vez movimos el carro con más convicción que otros. Pero por supuesto esto no se podía hacer sin la demás dirigencia.

¿No hubo presión internacional para que ustedes negociaran. Quiénes fueron y cómo lo hicieron?

Sí hubo. No tanto presión pero sí una vehemente exhortación de México sin duda. No nos decían que negociáramos porque ya lo estábamos haciendo. Tampoco que cediéramos. Era de empujarnos en los momentos de escepticismo para seguir en el esfuerzo, y en algún caso particular sí a flexibilizar posiciones. México fue muy influyente. También el gobierno de Carlos Andrés Pérez, de Venezuela. Schafik tenía línea roja con México y Venezuela. España también.

¿Se puede decir que principalmente la paz en El Salvador sucedieron gracias a que lo decidieron agentes externos?

Definitivamente no. Esa es una visión equivocada. El principal factor fue la voluntad de las fuerzas internas. Otra cosa distinta es que esa voluntad, sin los factores externos propicios posiblemente no habría tenido éxito.

¿Y qué le permitió a Cristiani esa decisión de desarrollar esto a través de una comisión?

En Cristiani están los dos factores: su propia convicción política como estadista, y como empresario... el gran capital salvadoreño, y desde ahí entendía con más visión que otros que la única posibilidad real de despegar en el campo económico era parar esa guerra. Cristiani, sin la situación externa del retiro del apoyo del Congreso de Estados Unidos a la Fuerza Armada y sin el montaje de la comunidad internacional, probablemente no habría tenido la fuerza para lidiar con quienes no querían la solución política.

¿Quién le habrá ayudado a Cristiani a tener esa visión, incluso de no participar en la comisión negociadora?

Una influencia buena que tuvo, aunque no la única, fue David Escobar Galindo. Y otra persona a la que la historia salvadoreña no le ha dado su reconocimiento fue su señora esposa, Margarita. Ella fue muy importante para respaldarlo, apoyarlo en momentos en que toda la cosa se veía color de hormiga.

¿Estamos hablando de un apoyo personal o político?

A ese nivel familiar no se puede hablar de apoyo político. Creo que en la comisión negociadora del gobierno hubo gente con mucho mérito. El general Vargas, por ejemplo, le tocó enfrentar el escepticismo de sus compañeros, y estoy seguro que no faltaba quien le dijera que estaba traicionando a la Fuerza Armada y al país. Sin embargo, tuvo el coraje.

¿Y en Estados Unidos?

Hay un momento con la segunda administración Bush donde cambia la política hacia la región. Y creo que el presidente Cristiani por una parte tuvo cierta exigencia pero también el apoyo del Congreso de Estados Unidos y de la administración para seguir adelante. En la parte final, la administración estaba claramente respaldando el proceso.

¿Cuáles fueron las cosas más difíciles que le tocaron a Cristiani?

La depuración del ejército, sin duda. La comisión Ad hoc. Le tenían muchísimo temor a ambas cosas.

En la comisión se hizo una depuración de alrededor de 100 oficiales de alta graduación. Era complicado.

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