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La Pascua ha significado un tiempo especial a la consagración del alma, del cuerpo y del espíritu.

 
  Padre Xavier Aguilar, iglesia Monte Tabor.

El eje central del Cristianismo es la resurrección de nuestro Señor Jesucristo. Desde el siglo segundo, la celebración de la Pascua fue la primera y entonces, la única festividad de las comunidades cristianas.

Pronto se añadió una semana de preparación que fue el origen de la Semana Santa. En el siglo tercero se suman otras dos semanas de preparación, cuyo tema era el bautismo, pues marcaba el final de los largos preparativos de los catecúmenes que se iban a bautizar en la Pascua.

En el siglo cuarto y terminadas las persecuciones y lograda la libertad de la Iglesia se completó la institución de la cuaresma, añadiéndole dos semanas y los días que van del Miércoles de Ceniza hasta el primer domingo de cuaresma.

Todo esto suma cuarenta días, que son un número simbólico en la Biblia y que recuerda los cuarenta días que pasó Moisés en el monte Sinaí hablando con Dios, y los cuarenta días con sus noches que pasó Jesús en el desierto en oración y ayuno, antes de comenzar su vida pública.

Muerte al pecado Siguiendo la tradición y aun después de la última reforma litúrgica, se conservan dos temas centrales de la cuaresma: la llamada a la conversión, con la penitencia, la recepción del sacramento de la reconciliación, llamado comúnmente confesión, o sea, la nueva vida de los cristianos que resucitan con Cristo después de dar muerte al pecado por la conversión.

Lo que se acentúa no es el castigo del pecado, sino la superación del pecado para dar lugar a una nueva vida dominada por el amor que es el Espíritu de Cristo el cual inunda a sus seguidores.

Esto se resume en la frase: “Conviértete y cree en el evangelio”, que es la buena nueva de que los humanos pueden llenarse del Espíritu de Dios.

No son todos los que están ¿Quiénes son los seguidores de Jesús? En la Iglesia, sociológicamente hablando, no todos son verdaderos seguidores de Jesús, algunos están solo por razones culturales y lo demuestran con sus hechos. Un ejemplo sería el Carnaval de Río.

La ocasión es la despedida del tiempo en que se podían celebrar fiestas, según la antigua disciplina eclesiástica, antes del comienzo de la cuaresma. Pero el Carnaval de Río, y relativamente, en otras partes, es una orgía en que se da rienda suelta a la depravación.

Los que hacen eso pueden estar legalmente en las lista de cristianos, pero no lo son. Y otros pueden no estar en los archivos de los bautizos y ser verdaderos seguidores de Jesucristo, porque piensan y actúan como Él.

La levadura en la masa Jesús describió a sus seguidores como un grupo pequeño, pero con capacidad de tener influencia en la masa humana. Las comparaciones que usó para decir lo que son: “luz del mundo”, “sal de la tierra”, “levadura”, indica esa relación.

De poco sirven los grandes números de cristianos, muchos solo son simpatizantes, otros hasta contrarios, estorbo, escándalo. Con unos pocos, pero verdaderos seguidores de Jesús se puede poner a una nación en el rumbo debido y así realizar el Plan de Dios, para que los hombres y mujeres se humanicen y después se divinicen y sean felices eternamente en el Reino de Dios.