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TRINIDAD Y TOBAGO

El veterano técnico holandés disciplina a un equipo anárquico y lleva a su primer Mundial al país caribeño.

La llegada del entrenador holandés Leo Beenhakker lo cambió todo en Trinidad y Tobago. El experimentado técnico transformó la mentalidad y el juego del pequeño país caribeño y lo clasificó para disputar el primer Mundial de su historia.

Después de conseguir sólo un punto en los tres primeros partidos del hexagonal final de la Concacaf, el técnico Bertille St. Clair dejó paso a Beenhakker, que condujo a los "soca warriors" a la cuarta posición de la zona tras vencer en el último partido al poderoso México por 2-1.

La cuarta plaza otorgó a Trinidad y Tobago el derecho a jugar el repechaje contra un equipo asiático, Bahrain, al que derrotó por un resultado global de 2-1, tras empatar en casa 1-1 y vencer en Asia por 1-0.

Beenhakker, ex entrenador de Ajax, Real Madrid y Holanda, trajo consigo un nivel de organización táctica y atención al detalle nunca antes visto en la nación biinsular, de poco más de un millón de habitantes y tradicionalmente obsesionada con la técnica individual.

La histórica clasificación hizo desvanecerse el recuerdo de la dramática derrota ante Estados Unidos en 1989, que dejó fuera de Italia 90 a la selección triniteña cuando lo único que necesitaba era un punto. Dwight Yorke, ganador de la Copa de Europa con el Manchester United y estrella ofensiva del equipo nacional desde hace casi dos décadas, estuvo en aquel partido.

Tras la llegada de Beenhakker, una llamada de teléfono de Yorke a su antiguo amigo y compañero del fiasco de 1989 Russell Latapy, ayudó a mejorar la imagen del equipo. Después de decidir volver del retiro a sus 38 años, el jugador-entrenador del Falkirk escocés cambió completamente la dinámica del grupo.

Cayendo por detrás de Yorke y Stern John, la brillantez del "pequeño mago" propició un gran cambio en el hasta ese momento titubeante equipo triniteño y los resultados empezaron a llegar.

La sorprendente clasificación y las celebraciones en las calles de Puerto España no evitarán, sin embargo, que los isleños, cuarto equipo caribeño que logra meterse en un Mundial, acudan a Alemania como víctima propiciatoria, pues son la nación más pequeña que jamás logró el pase al mayor evento futbolístico.

Con un equipo de juego despreocupado y, a veces, patológicamente irresponsable, Beenhakker, conocido por construir conjuntos difíciles de batir, tendrá que utilizar el poco tiempo que le queda hasta el torneo para hacer de los excitables triniteños un grupo sólido.

"Cambió la mentalidad de los jugadores", aseguró el portero Kelvin Jack. "Psicológicamente nos hizo creer que podíamos ser un equipo mejor y todos los jugadores lo asumieron y fueron capaces de aportar más en el campo. Nos trajo espíritu combativo, conciencia táctica y esa autoconfianza de que podíamos llegar a Alemania".

"Si uno trabaja 40 años en el fútbol, tiene varios grandes momentos y este fue, por supuesto, uno de ellos", dijo el holandés tras lograr la clasificación venciendo en Manama a Bahrein.

"Cuando llegamos en mayo nadie daba nada por nosotros", añadió Beenhakker, cuyo equipo tenía sólo cuatro puntos tras seis partidos del hexagonal clasificatorio. "Luego las cosas fueron cada vez mejor y esto, por supuesto, es el resultado".


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