
TOGO
El fútbol ayuda a moderar la mala imagen política del país africano.
¡Togo al Mundial! La conmoción por el éxito fue tal, que en Togo fue declarado un día de fiesta nacional para celebrar la clasificación de su selección al torneo futbolístico más importante del mundo.
Si bien los festejos nocturnos se vieron deslucidos por el corte del suministro eléctrico durante varias horas, a la mañana siguiente toda la ciudad amaneció ataviada de amarillo y celebró el triunfo de sus "halcones" con un concierto de bocinazos y gritos.
En el pequeño país del Africa occidental, que parece encajonado entre Benin y Ghana, el fútbol es una pasión. El presidente de Togo, Faure Gnassingbe, condecoró a los jugadores con la orden del mérito. Y el entrenador nigeriano Stephen Keshi fue el primer extranjero en ser honrado con esa distinción.
Cuando Togo fue a parar al mismo grupo eliminatorio de Senegal, Zambia y Mali muy pocos aficionados consideraron posible semejante éxito. Pero Togo cambió la historia al ganar la zona y clasificar por primera vez a un Mundial.
"La mayoría nos había descartado ya de entrada, incluso el presidente Gnassingbe", comentó Keshi. "Eso nos puso las cosas aún más difíciles, pero yo siempre creí que lo conseguiríamos".
Creyó también que estaría en Alemania, una de las potencias coloniales del país. Pero el fracaso en la Copa Africa -eliminación en primera ronda- le costó el puesto a Keshi.
Su sucesor fue el alemán Otto Pfister, de 67 años, que firmó un contrato por un año. Podría darse por conforme si cumple con la meta que se había puesto su antecesor -"con toda seguridad no batiremos a todos los equipos, pero tampoco perderemos contra todos. Lo daremos todo a fin de que Africa pueda sentirse orgullosa de nosotros"-, pero el alemán sabe que no será sencillo. Su ventaja es que conoce la forma de ser de los africanos, ya que entrenó a Zaire y Ghana y trabajó con los seleccionadores de Egipto y Túnez.
Al igual que en sus vecinos Costa de Marfil y Ghana, cuyas selecciones también clasificaron para Alemania 2006, Togo cuenta con muchos jugadores jóvenes y muy motivados. No hay ninguna estrella entre ellos, pero Emmanuel Adebayor, nacido en Nigeria, anotó once goles en partidos internacionales y se convirtió en uno de los principales referentes en el país de cinco millones de habitantes.
El reconocimiento internacional logrado en el fútbol podría beneficiar la imagen de Togo en el exterior, pues el reciente cambio de gobierno, de padre a hijo, reportó al país muchas críticas.
La opinión general sigue siendo que las elecciones que llevaron al poder a Gnassingbe fueron manipuladas. Y según un estudio de las Naciones Unidas (ONU), en los desórdenes estallados entre febrero y mayo de 2005 perdieron la vida unas 500 personas y más de 40.000 huyeron de la violencia rumbo a Benín y Ghana.
Pero cuando se trata de fútbol, el gobierno y la oposición están siempre de acuerdo. "Cuando juega el equipo nacional todos van de amarillo, también el presidente y el primer ministro", contó alguna vez Keshi antes de ser destituído. "Entonces todos lucen el mismo uniforme".
Muchos aficionados se alegran en especial de que el Mundial se celebre en Alemania, que fue a finales del siglo XIX la primera potencia colonial de Togo.
A diferencia de Francia, posteriormente también potencia colonial en el país, Alemania goza de una sorprendente buena reputación entre muchos togoleses, aun cuando bajo el poder de los alemanes hubo trabajo de esclavos y castigos con azotes.
Las masivas ayudas al desarrollo destinadas al país africano por Alemania en los años 60 y 70 lograron sin embargo lavar la imagen de los germanos, que cuentan ahora incluso con un compatriota al frente de la selección. "Para mí no hay ni un día libre a partir de ahora", dijo Pfister tras firmar un contrato por 12.000 dólares. Su primera cita será con Corea del Sur, primer rival en el grupo G. Después, Suiza y Francia. Lo que suceda más allá forma parte sólo de los sueños de los togoleses.