
SERBIA Y MONTENEGRO
La confianza regresa a los balcánicos.
La exitosa clasificación para el Mundial despertó el apetito de victorias en Serbia y Montenegro, que ve cómo su selección encontró el camino de regreso desde un abismo de mediocridad que duraba ya 30 meses.
El equipo nacional, que cayó en el absoluto olvido tras una humillante derrota ante Azerbaiyán en 2003, vuelve ahora a ocupar un lugar preeminente en los corazones de los aficionados tras la clasificación directa en su grupo de la zona europea, por delante de España.
"Estamos relajados después de dejar atrás todas las preocupaciones de la clasificación", admite Savo Milosevic, delantero del Osasuna español y capitán del equipo nacional.
Desde el final de la fase de clasificación en septiembre, los jugadores han lanzado pocas predicciones para Alemania. Sólo unos pocos, como Daniel Ljuboja (Stuttgart) y Sasa Ilic (Galatasaray), han llegado al obvio consenso de que no les gustaría tener que enfrentarse a Brasil.
"Son los mejores del mundo", dijo Ilic. "Todos los equipos cabeza de serie serán muy buenos, pero creo que podemos hacerles frente a todos, excepto a Brasil".
El extremo Ognjen Koroman, que después de una gran actuación en la clasificación dejó el Grozny checheno para fichar por el Portsmouth inglés, aseguró que "no piensa en oponentes".
"Si jugamos como lo hicimos hasta ahora, los resultados vendrán", dijo.
Los aficionados -en los cafés, las calles o los foros de Internet- sí se atreven con los pronósticos, y la mayoría espera que su selección se cruce con Argentina, Brasil, Alemania o Italia en la primera fase del Mundial.
"Mejor eliminarlos antes de que estemos cansados", escribe alguno. "No hay duda: vamos directos a la final", agrega otro desde Estados Unidos.
El brío de la selección serbomontenegrina se deja notar en el renovado interés de los medios de comunicación por el equipo, del que se televisaron en directo los recientes partidos contra China y Corea del Sur, pese a su carácter amistoso y la diferencia horaria.
Primero el interés, luego la confianza y, por último, la euforia. Ese fue el trayecto sentimental que los aficionados transitaron mientras el equipo dirigido por Ilija Petkovic regresaba del oscuro pozo en el que había caído en la clasificación para la Eurocopa de Portugal 2004. Entonces el público, e incluso algunos jugadores, abandonaron a la selección.
Sin embargo, conforme Serbia y Montenegro se acercaba al pase mundialista, las cosas empezaron a cambiar. En el último partido, con el billete directo en juego ante Bosnia, el estadio de Belgrado se llenó hasta la última localidad y las cadenas de televisión pugnaron ferozmente por los derechos de retransmisión.
Petkovic logró una verdadera hazaña, sobre todo si se considera que Serbia y Montenegro apenas tiene auténticas estrellas internacionales. El delantero del Atlético de Madrid Mateja Kezman, uno de los que renunció a jugar para el antiguo entrenador, Dejan Savicevic, es quizás el jugador más destacado.
El joven delantero del Estrella Roja Nikola Zigic, que pese a sus dos metros de altura posee una gran agilidad, parece el hombre destinado a convertirse en una de las grandes bazas serbias. Entró en el equipo en los últimos partidos de la clasificación y consiguió descargar de parte de la atención defensiva a Kezman.
El corazón del equipo, sin embargo, lo formarán veteranos "legionarios" de Italia, Alemania, Turquía, España, Rusia u otros países, como el portero Dragoslav Jevric o los defensas Mladen Krstajic y Goran Gavrancic.
Ellos empujaron al equipo a través de la clasificación ayudados por los jugadores de los clubes serbios, jóvenes en su mayoría, pero también veteranos de regreso en Serbia en el final de su carrera, como el jugador del Partizan Albert Nadj.