
REPUBLICA CHECA
Con un equipo en torno a los 30 años de edad, República Checa se enfrenta a la última oportunidad de una generación de gran talento.
La alarma suena en los cuarteles de la República Checa. Uno de los equipos con más talento en la historia del país se hace mayor, y el Mundial de Alemania 2006 puede ser la última oportunidad de luchar por un título soñado por todos.
Los checos pueden verse aquejados por la edad, con sus mejores jugadores en torno a los 30 años, pero suplen la falta de energía juvenil con una enorme experiencia, una aguda inteligencia y una gran capacidad técnica.
La generación más talentosa del fútbol checo, subcampeona de Europa en Inglaterra 1996 y semifinalista en Portugal 2004, lleva 16 años ausente del mayor evento futbolístico y está hambrienta, realmente hambrienta. La última vez que acudió, de hecho, lo hizo como Checoslovaquia en Italia 1990, donde alcanzó los cuartos.
Clasificar para Alemania fue la cima en la carrera del seleccionador checo, Karel Bruckner, de 66 años, que dirige el equipo desde 2002, después de acumular 28 años de experiencia en los banquillos y 16 como jugador.
"Fue el partido más importante de mi carrera", dijo Bruckner tras vencer por 1-0 a Noruega en el partido de vuelta de la repesca europea, lo que aseguraba el pase de su equipo al Mundial.
Ahora, el técnico espera escalar una cumbre todavía más alta en Alemania. Enormemente popular por su liderazgo paternal, Bruckner posee una especial habilidad para inspirar confianza, habilidad que se hizo patente cuando una cita suya en la prensa estuvo a punto de impedir el regreso de Pavel Nedved a la selección, 14 meses después de que anunciara su retirada de la escena internacional.
El entrenador suavizó las cosas y Nedved volvió al equipo como capitán para disputar los dos partidos contra Noruega. Ahora, a sus 33 años, el centrocampista de la Juventus, cabeza visible de una generación que llamó a las puertas del éxito pero que no consiguió aún cruzar el umbral, jugará su primer Mundial.
Nedved es el "pulmón" de la selección checa, mientras que su compañero en el centro del campo Tomas Rosicky, conocido como el "pequeño Mozart", es el maestro de ceremonias. El jugador del Borussia Dortmund, de 25 años, es el jugador más joven de una línea media que completan Karel Poborsky, de 33, y Vladimir Smicer, de 32.
La línea media checa es sin duda una de las más experimentadas y con más calidad de Europa. Poborsky disputó más de 100 partidos internacionales, aunque tuvo que prepararse para el Mundial jugando en el Ceske Budejovice, de segunda división. Smicer, del Girondins Burdeos francés, es un jugador cien por ciento confiable, pero que vivió siempre a la sombra de Nedved.
Concebido para atacar, la defensa es quizá la zona más floja del equipo checo, que suele jugar con cuatro hombres en línea. En cualquier caso, los felinos reflejos del arquero del Chelsea Peter Cech, de 23 años, son garantía de seguridad.
En el ataque, la República Checa de nuevo desborda talento con el delantero del Aston Villa Milan Baros, de 24, cuya irregularidad está compensada por la contundencia y aplomo del gigante del Borussia Dortmund Jan Koller, de 32.
Baros fue el máximo goleador, con cinco tantos, en la Eurocopa de Portugal, donde los checos se quedaron a un paso de la final tras perder en los últimos segundos de la prórroga ante Grecia, a la postre campeona continental.
Las dudas surgen en torno al rendimiento del veterano Koller, que se perdió prácticamente toda la temporada a causa de una grave lesión de ligamentos en la rodilla.
Ante la falta del vigor juvenil, los checos apelarán a la experiencia, la mentalidad y la habilidad táctica de Bruckner. Nedved y compañía tendrán además un plus de motivación, pues será con seguridad su última oportunidad de jugar un Mundial, su última oportunidad de no pasar a la historia como "la generación perdida".