
PORTUGAL
Los lusos quieren ocupar por fin el lugar que creen merecer.
Años de promesas incumplidas, de perspectivas infundadas y de esperanzas rotas concluirán para bien o para mal en el Mundial de Alemania 2006 para Portugal: será la última oportunidad de Figo de hacer algo grande con su selección.
El actual futbolista del Inter de Milán es el último representante de la llamada "generación de oro" del fútbol portugués. Ya no están a su lado los Manuel Rui Costa o Fernando Couto, los otros dos grandes exponentes del equipo que se proclamó campeón del mundo juvenil en 1989 y 1991, y que prometía arrasar en categoría absoluta.
No fue así, y el de Alemania será para Portugal sólo su cuarto Mundial. Su mejor resultado llegó en Inglaterra 66, cuando el equipo comandado por el legendario Eusebio alcanzó la tercera plaza. En México 86 y Corea/Japón 2002, donde llegó como uno de los futuros animadores del torneo, no superó la primera fase.
El balance es, coinciden los propios portugueses, muy pobre, porque pese a contar con sólo 10 millones de habitantes, Portugal es uno de los países con mayor tradición futbolística del planeta. Su Federación está afiliada a FIFA desde 1923, y sus clubes conquistaron todos los grandes títulos posibles: Copa de Europa, la ya desaparecida Recopa europea, Copa de la UEFA y Copa Intercontinental.
El propio Figo, de 33 años, Balón de Oro en 2000 y mejor jugador mundial de FIFA en 2001, se había resignado ya a su suerte y había abandonado la selección. Pero decidió darse una última oportunidad, arregló sus diferencias con el técnico brasileño Luiz Felipe Scolari y con otros jugadores y participó en los últimos seis partidos de la fase de clasificación.
Cuando el astro llegó, sin embargo, el pase al Mundial ya estaba encarrilado. Portugal selló su pasaporte al ganar con plena autoridad un grupo en el que relegó a Eslovaquia a la repesca y dejó fuera del torneo a Rusia.
El secreto estribó en la férrea disciplina establecida por Scolari, que regresará a un Mundial después de ganar con Brasil el de 2002. Desde su llegada, Portugal es un equipo muy equilibrado: a las indivualidades de siempre, ahora representadas por Figo, Deco y Cristiano Ronaldo, les sumó orden táctico y trabajo sin descanso, simbolizadas en el centrocampista Maniche, el "pulmón" del equipo.
El equipo ya demostró su valía en "su" Eurocopa en 2004, donde sólo la ultradefensiva Grecia los frenó en la final de Lisboa. Antes habían vencido a Rusia, España, Inglaterra y Holanda.
Scolari, de 57 años, cerrará probablemente un ciclo en Portugal tras el Mundial para dar el salto a un gran club o a otra selección de Europa, pero antes quiere hacer un buen papel con un país con el que asegura sentirse "muy identificado".
"Portugal debe quedar entre las ocho primeras selecciones del Mundial, porque esa es su posición", sentencia el entrenador.
Figo, bien conocedor de anteriores fracasos, intenta ser lo más prudente posible: "Decir ahora que vamos a ser campeones del mundo es ponernos más presión a los jugadores. Vamos a hacerlo lo mejor posible y no nos faltarán determinación y empeño. Pero ganar un Mundial es muy complicado".
Aunque la ilusión de hacer algo grande también puede con la vieja estrella: "Es cierto que soñar es gratis".