Deportes
elsalvador.com

deportes@elsalvador.com
Contáctenos

Viaje a la intimidad de los finalistas

Los equipos están separados por 300 kms. La “Azzurra” está en Duisburgo y tienen los estudios de TV en la cancha del equipo local. Los “Bleus”, en Hamelin, también tienen un lugar para la prensa

 
El Diario de Hoy desde Alemania
Periodista: Claudio Martínez•Desde Alemania
Publicada 9 de julio 2006

 

Una entrada de pastas o de jamón crudo, un segundo plato de fondo de carne con ensaladas, tres diferentes tipos de postres y finalmente un café Segafredo. ¿El menú de la selección italiana en la concentración?

No, eso es lo que almuerzan diariamente los periodistas que siguen a la “Nazionale” y que está financiado por un grupo de sponsors que han montado un lugar espectacular llamado la “Casa Azzurra”, ubicado en el mismo estadio del MSV Duisburg. Allí todo es gratis, excepto la indumentaria Puma del local que está en la primera planta.

Un café, un pastel, una bebida o agua mineral. Obviamente no es la merienda de la selección francesa en Hamelin sino que es lo que ofrece a la prensa el hotel donde los “Bleus” atienden en el centro de la ciudad que alberga la leyenda del flautista.

Los dos lugares están separados por 300 kilómetros, pero muestran algunas similitudes entre los dos finalistas de esta nueva edición del Mundial.

La “Piccola” Italia


Tres tractores están dentro del terreno de juego para renovar el césped del estadio del Duisburg, el equipo alemán que este año descendió a la Segunda División de la Bundesliga. Mientras, en la tribuna algunos periodistas reposan en las tribunas del recinto y se fuman algún cigarrillo. La jornada es larga para la “stampa”, ya que comienza a las nueve de la mañana y termina cerca de la medianoche.

El momento de mayor tensión es a las 12.30 cuando los jugadores o el entrenador se presentan puntualmente para la atención a la prensa. La organización es simple, mientras el más importante de los tres futbolistas que salen se sienta frente a los periodistas en la sala grande para la conferencia, otros dos se quedan en el mismo primer piso para una especie de zona mixta. Pero es un verdadero caos porque hay gente arrodillada sobre un escritorio para poder acercarle el micrófono a Gennaro Gattuso mientras que otros se paran sobre las sillas. El que está más tranquilo es Simone Perrotta, quien acarrea menos atención que los demás.


Cuando termina el horario de atención, los periodistas de televisión suben las escaleras para editar sus notas al tercer piso, donde cada canal tiene su oficina montada en las salas VIP del estadio.

Para el segundo piso queda el restaurante y los estudios de televisión. Por eso, mientras algunos le dedican su tiempo a alimentarse se puede observar a treinta metros a Paolo Rossi y José Altafini debatiendo sobre la final que se viene.

Mientras, unos treinta televisores de pantalla plana tienen los canales de Italia para darle al visitante toda la información como si estuviera en cualquier ciudad de la península. Por eso, entrar a “Casa Azzurra” es como ingresar a una “Piccola” Italia.

La leyenda francesa

Un camino de ratas sale desde el lugar donde Francia tiene instalado su lugar para la atención a la prensa, bastante alejado del lugar de concentración del plantel. Incluso, en la puerta del hospedaje hay una figura gigante de un roedor, al lado de un cartel que dice “Benvenue Les Bleus, Hameln 2006”.
La Federación francesa aprovechó el espacio de un gimna
sio de básquetbol y lo dividió en tres secciones: por un lado armó una sala para la televisión, en otro está el lugar para las radios y por último, un recinto para los medios escritos.

El entrenador Raymond Domenech ingresa por una puerta lateral del albergue y aparece directamente frente a las cámaras que quieren tomar sus declaraciones. Es imposible pasar por los tres sitios, porque si un periodista de diario se quiere colar entre los cronistas de TV, inmediatamente la seguridad le dirá “gentilmente” que se tiene que retirar.

Mientras, una mujer policía revisa las fotos que tiene en su cámara digital. “¿Si son de los jugadores franceses? No, son de mis vacaciones. Además, los franceses no me gustan. Sería distinto si acá estuviera Alemania porque me hubiera tomado alguna foto con Michael Ballack o Lukas Podolski”, explica entre sonrisas la joven a cargo de custodiar al cuadro galo.


Afuera, mucha gente mayor se reúne para almorzar en las orillas del lago Weser y una gran cantidad de turistas recorren la ciudad de 60 mil habitantes en busca de la leyenda del flautista. Quizás en algunos años, la localidad también sea conocida porque un campeón del mundo se instaló en el lugar.


| Portada | Subir |