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Pizza con champagne

Italia y Francia, con estilos muy similares, dirimirán hoy en Berlín quién es el mejor equipo del mundo

 
El Diario de Hoy desde Alemania
Periodista: Claudio Martínez
(Alemania)
Publicada 9 de julio 2006

 

En el fútbol gana el que más goles hace, pero Alemania 2006 deja una enseñanza clara y define una tendencia que se viene manifestando en los últimos años con Porto y Liverpool, campeones de la Champions, y Grecia, ganador de la Eurocopa. En estos tiempos modernos es más importante no recibir goles que hacerlos. Y que los protagonistas de la final de hoy sean precisamente Italia y Francia lo confirma.

No es que sean equipos defensivos. De hecho, Italia terminó jugando el último tiempo suplementario contra Alemania con cuatro hombres de punta y es, después de Argentina, el equipo que más goles ha convertido. La apuesta de Marcello Lippi hasta puede parecer una herejía en un país acostumbrado al rigor del catenaccio.

Sin embargo, nadie duda de que su punto más fuerte es la solidez de su línea de cuatro. Hasta aquí Fabio Cannavaro ha sido el mejor del Mundial. Y no lo asegura sólo Diego Maradona, quien no se cansa de elogiar al zaguero napolitano. El central de Juventus siempre llega a tiempo para los cruces, relevos, salta como ninguno a pesar de su baja estatura y hasta es capaz de iniciar contraataques, como el que terminó con el gol de Del Piero ante Alemania.

Además, Cannavaro ha demostrado que se entiende a la perfección con quien sea, ya que tras la lesión de Alessandro Nesta tuvo que jugar al lado de Matterazzi y no se notó la diferencia. Los laterales son otro lujo que se da Italia. Porque tanto Zambrotta como Grosso no sólo marcan a los atacantes sino que también anotan goles. El de Juventus le hizo uno a Ucrania y el de Palermo sacó de carrera a los locales con un zurdazo impresionante. Eso sí, la prioridad es defender.

Italia sólo tiene un gol en contra en lo que va del torneo y no se lo convirtió ningún rival sino Christian Zaccardo en su propia puerta. Es cierto que Gigi Buffon está más protegido que Bush y el Papa juntos, pero las veces que tuvo que intervenir lo hizo de forma extraordinaria. Está a 65 minutos de superar el récord de imbatibilidad de Walter Zenga de 1990.

Infranqueables


Se puede decir que los franceses tienen la segunda mejor defensa del Mundial, pues han concedido dos goles, uno contra Corea del Sur y otro contra España, de penal. Pero aquí no importan sólo los números, porque al fin y al cabo Suiza se fue de Alemania sin haber recibido un gol y con eso no le alcanzó. La dupla que integran Lilian Thuram y William Gallas está casi al mismo nivel que la de Cannavaro y compañía, y con el correr de los partidos se ha ido afirmando.

La diferencia es que sus marcadores de punta no tienen el mismo peso que el de los italianos. Willy Sagnol es una garantía atrás, pero no se ha proyectado mucho. Abidal, en cambio, deja más dudas. Y bajo los tres palos está Fabien Barthez, una caja de sorpresas que tiene días fantásticos y otro fatales. Hasta aquí estuvo más cerca de lo primero que de lo segundo, pero no deja de ser un riesgo.

El gran mérito de esa seguridad defensiva que ha mostrado Francia no sólo es de la retaguardia que ha conformado Raymond Domenech. Es responsabilidad, en gran parte, de dos volantes de contención de la jerarquía de Claude Makelele y Patrick Vieira.

Con características diferentes pero con alma de recuperadores, ambos son el corazón de un mediocampo incansable. Por su sector no pasa nadie, por lo que los rivales se ven obligados a lanzar pelotazos, y ahí es donde se lucen los defensores. Ellos dos sostienen el equipo cuando el rival tiene la posesión del balón. Así le cerraron los espacios a Brasil, que tuvo que esperar 84 minutos para crearles una situación de gol. Algo parecido ocurrió con Portugal, donde sólo un despeje desafortunado de Barthez casi le da la posibilidad del empate a Figo, que cabeceó afuera un rebote.

En la recuperación de la pelota, Italia tiene a su Makelele y a su Vieira. Uno es Gennaro Gattuso, siempre generoso con su despliegue, y el otro es Andrea Pirlo, que administra el balón con mucha serenidad. No sube tanto con Vieira ni tiene su cabezazo, pero sus lanzamientos -ya sea para habilitar a un compañero como para ejecutar un tiro libre- llevan una precisión quirúrgica.

Las cartas ofensivas


La mágica recuperación de Zidane, que hoy querrá retirarse con toda la gloria, inclina la balanza en favor de Francia en cuanto a creatividad, sobre todo porque cuenta con un socio idóneo como Franck Ribéry, que le imprime la velocidad que ya no tiene Zizou. Italia, en cambio, aprendió a no depender de la genialidad de Francesco Totti, puesto que éste -aún recuperándose de una lesión- no ha dado todo lo que se esperaba. Llega en bloque, con los desbordes de Perrotta y Camoranesi, y también con los envíos de Pirlo desde el centro.

Italia ha demostrado ser más contundente que Francia en ataque, pero es imposible hablar de favoritismos. “Hay un 50% para cada uno”, confirmó ayer Lippi en la rueda de prensa n Duisburgo.
A Domenech le gusta utilizar un solo punta -Thierry Henry- y que lleguen los volantes, mientras que Italia se la juega con Luca Toni por su juego aéreo y su capacidad para jugar de espaldas al marco rival. Pero a diferencia de los galos, Lippi tiene una mejor banca a la hora de hacer los relevos: todos los atacantes -Gilardino, Del Piero, Inzaghi y Iaquinta- ya han convertido goles.

Hoy es el día en que el fútbol coronará su nuevo rey en Berlín. Será cuando el capitán Cannavaro cumpla 100 partidos internacionales y cuando el capitán Zidane cuelgue definitivamente sus botas. Algo es seguro: ambos llorarán. Sólo falta saber cuál de emoción y cuál de tristeza.


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