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El inefable señor Bora

El pintoresco serbio Milutinovic habla del Mundial y dice que no le interesa dirigir a la Selección de El Salvador.

  El Diario de Hoy desde Alemania
Claudio Martínez

Publicada 8 de Julio 2006

 

Incorregible. Bora Milutinovic, hiperquinético como pocos, no para de moverse. Da la sensación de que se ha sentado en un hormiguero y está pagando las consecuencias. Va y viene por la estación central de Münich con un ida y vuelta que ya envidiaría Genaro Gattuso, el utilitario mediocampista italiano.

Está pendiente del tren que en unos minutos parte hacia Berlín, aunque no sabe desde que andén ni a qué hora. Tiene la camisa fuera del pantalón y está sudado a pesar de que no carga las maletas, responsabilidad que recae en uno de los dos asistentes chinos que le siguen a todos partes.

El serbio que dirigió cinco selecciones diferentes en mundiales consecutivos -México en 1986, Costa Rica 1990, Estados Unidos 1994, Nigeria 1998 y China 2002- llegó a Alemania para trabajar como periodista de la cadena radial estadounidense Fútbol de Primera, donde comparte cartel con Carlos Bilardo, Carlos Valderrama, Javier Castrilli, Carlos Hermosillo y Jaime Rodríguez, entre otros.

Esta vez no necesitó dirigir un equipo para ser uno de los personajes más populares de la Copa del Mundo. “La gente me quiere”, dice mientras le piden un autógrafo.

Alguien lo para y le pide, en inglés, tomarse una foto con él. Antes de decirle que sí, le responde: “¿Qué lengua hablas, chico?”. Cuando le dice español, Bora habla español y posa. Antes ha hablado en serbio, en inglés, algo de alemán y un italiano básico. “Yo hablo en el idioma que me pidan”, aclara.

Cuando se encuentra con El Diario de hoy habla el idioma del fútbol, el que domina más que ningún otro. La plática es un movimiento, de un lado al otro de la estación, fiel a su estilo. “Vení, vení, comamos algo....”, dice. Luego frena y cambia de planes: “No, no, acompáñame a ver a qué hora sale el tren”. Los chinitos tratan de seguirle el ritmo, pero a veces lo pierden entre la multitud.

Bora, ¿por qué este Mundial no tiene grandes figuras?

No es que no haya, lo que pasa es que no hay nadie que sorprenda. No hay nada que ya no hayamos visto antes...

¿Cómo es eso?

Muy simple. En Suecia 1958 todos se quedaron maravillados de ese niño de 17 años llamado Pelé. Hasta ese momento nadie lo conocía. Llegó al Mundial, deslumbró con su fútbol y fue la gran figura. El problema es que ahora los futbolistas ya son figuras antes de jugarlo.

¿Y quiénes le han gustado?

Todos los que jugaron bien están de la mitad de cancha para atrás. De Italia, Buffón, Cannavaro, Zambrotta, Matterazzi. De Francia, Thuram y Vieira... También me gustó Roberto Ayala. Pero los habilidosos no aparecieron mucho.

Nombró varios futbolistas de los dos equipos finalistas, ¿cómo ve ese partido?

Creo que debería ganar Italia porque tiene una selección más completa. Son dos equipos muy fuertes atrás, con mediocampos muy sólidos en la marca.

¿Qué técnicos le han gustado?

Lippi y Domenech, porque son los que han llegado a la final. Siempre los mejores son los que ganan, no hay discusión con eso. Pero creo que tendrían que rescatar el trabajo de Hiddink en Australia o Beenhakker en T&T. Pocos hablan de eso

¿Cómo vivió su primer Mundial como periodista? ¿Es muy diferente a estar dirigiendo?

Sí, claro. Yo lo estoy viviendo de una manera especial, algo que no podría hacer si estuviera a cargo de un equipo.

La Chelona Rodríguez es su compañero en la radio y además es el coordinador de selecciones de El Salvador. ¿No le tiró la idea de que vaya a dirigir la Selecta?

Noooo, noooooo. No hablamos de eso. Además yo no estoy para ir a sufrir. Yo lo que necesito es tomar una selección y poder disfrutarla. Pero no El Salvador, yo hablo de Inglaterra o de Australia...

De repente pierde el control. Mira el reloj, teme perder el tren y sale disparado por el andén. Entra a un vagón que no es el que le corresponde. Baja, corre, sube a otro vagón, baja, corre, sube... Uno de los chinitos ya está mareado, el otro todavía lo sigue de cerca. Así es Bora Milutinovic, un personaje incorregible.


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