El poeta de la final
Horacio Elizondo,
el árbitro de la final, es un personaje
singular: su pasión es escribir poemas.
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El
Diario de Hoy desde Alemania
Gustavo Flores
Publicada 8 de
Julio 2006 |
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Allá cuando nacía
2002 y el Mundial de Corea-Japón todavía
no era una realidad, Horacio Elizondo recibió
a este cronista en su casa para una entrevista
para el diario Clarín.
Nadie, mucho menos él, se imaginaba esta
dulce realidad en Alemania 2006: que sería
hoy el árbitro más famoso del mundo
y que fuera designado para arbitrar los dos partidos
más importantes del Mundial: el primero
y el último.
Se mostraba en aquel entonces como un árbitro
incipiente, capaz, reflexivo y también
como alguien distinto dentro del referato y no
sólo por su capacidad de equivocarse poco
dentro del campo de juego.
En primer lugar, su sitio de residencia: lejos
del ruido y el infierno de cemento de Buenos Aires,
vivía en un humilde reducto en el medio
del campo llamado Parada Robles, inexistente hasta
en los mapas de la provincia de Buenos Aires.
“La ciudad asfixia, hace egoísta,
quita la capacidad de reflexionar”, decía.
Desde allí, todos los días viajaba
80 kilómetros hasta la Capital para entrenarse
y dirigir los partidos del fútbol argentino.
Otro de sus particularidades: su pasión
por la poesía, algo inédito entre
los árbitros.
Fanático de los libros, intentaba ensayar
sus propios poemas. Y no dudaba a la hora mencionar
sus elegidos para leer: los uruguayos Eduardo
Galeano y Mario Benedetti.
“Mi psicólogo me dijo que llevara
el poeta a la cancha”, explicó como
parte de su preparación como árbitro.
No tenía problemas en admitir en aquel
entonces que se psicoanalizaba y tampoco lo tiene
ahora en reconocer tratamiento psicológicos
que lo ayudan a mejorar.
Tampoco tuvo problemas en admitir que había
llegado al referato casi por casualidad, después
de haber sido obrero metalúrgico y lanzador
de jabalina: “Estaba dirigiendo un partido
de handball como parte de un examen, y el profesor
me dijo si no se me había ocurrido ser
árbitro de algo.
Le dije que jamás se me había cruzado.
Al final tanto me insistió, que un día
pasé por AFA y me inscribí. Al mes
de hacer el curso, se me hinchó el corazón,
me dije que esto era lo mío”.
Elizondo se recibió en 1987 de árbitro,
en el 92 debutó en la Primera División
del fútbol argentino y en el 94 ya era
árbitro internacional: “El récord
como internacional, en la historia del arbitraje,
lo tengo yo”.
Ahora se podrá jactar de otro hito en la
historia del arbitraje. Mañana se convertirá
en el primer pito del mundo en dirigir en un Mundial
el partido inaugural y la final.
Para llegar debió estudiar... “Ya
tengo estudiados a todos los jugadores: si son
lentos, simulan, son de fricción... Tengo
un archivo importante”, reconoció.
Antes del Mundial se le preguntó si prefería
ser árbitro en Alemania o editar su primer
libro de poemas. Él aclaró:“Recién
ahora estoy maduro para un Mundial, pero lo que
escribo, todavía creo que me sirve sólo
a mí”.
Vladimir
H. Alfaro
Linea escarapela fifa presente en el mundia
2002
Justo premio al buen
trabajo
Sin duda alguna, el mejor premio
que Horacio Elizondo podía recibir en
este Mundial, es el de pitar la final de una
Copa del Mundo. Eso llega a ser muy codiciado
por todos los árbitros.
En lo personal tuve el honor de conocerlo en
la Copa Confederaciones de 1997 que se efectuó
en Arabia Saudita.
Como árbitro puedo decir que es una persona
muy aplicada, muy disciplinado y ordenado en
sus actividades propias de juez de fútbol.
Fuera de la cancha es una persona muy diferente
y difícil de describir, aunque puedo
decir, que es alguien que posee una gran calidad
humana. Desde mi punto de vista, el árbitro
argentino fue el más destacado en todo
el Mundial. Mostró mejor calidad de arbitraje
sobre todos los demás.
Aunque como todo ser humano, cometió
algunas leves fallas que cualquier otro puede
cometer. En su favor, se puede decir que tomó
algunas decisiones que no muchos tienen el valor
de realizarlas; eso es algo de admirar y reconocer.
Elizondo, además de la buena actuación
mostrada en Alemania, se ha convertido en un
personaje histórico en la historia del
fútbol mundial. Es el único que
dirige cinco partidos en una misma Copa, incluyendo
el partido inaugural y la final de mañana,
que es algo insólito porque nunca antes
ocurrió.
Seguramente puedo decir que es un bendición
para los argentinos y para todos los latinoamericanos
el que una persona como él nos represente
en esta final.
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