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La visión del jefe

Joseph Blatter, presidente de la FIFA, habló de todo un poco. Además, recibió el libro La Historia de los Mundiales de El Diario de Hoy

 
El Diario de Hoy desde Alemania
Periodista: Claudio Martínez
En Münich [Alemania]
Publicada 7 de julio 2006
 

El hombre es más bajito de lo que parece y siempre tiene preparada una sonrisa para cualquier ocasión. Joseph Blatter camina por el IBC Münich, el monstruoso centro de prensa donde se origina la señal de televisión que luego llega a todo el planeta, acompañado de siete personas.

Por lo menos tres son custodios envueltos en trajes italianos de tonalidad oscura, otros dos llevan la escarapela de la FIFA y los que quedan son sus asistentes personales, uno de los cuales es mujer.

Son pocos, si se tiene en cuenta el dispositivo de seguridad que montan cada vez que tiene que movilizarse hacia un estadio, que incluye doce motocicletas que lo anteceden y preceden, y seis carros que lo rodean el suyo. Ni que fuera el Papa.

El suizo es una persona respetada en casi todos los niveles del fútbol. Mientras atraviesa este recinto -con muchas similitudes a la Feria Internacional de San Salvador pero que lo quintuplica en tamaño- recibe la veneración de comunicadores, dirigentes y hasta ex jugadores.

Almuerza con su amigo Pelé, cena frecuentemente con Michel Platini y hasta se estrecha la mano con un cariño falso con Franz Beckenbauer. Salvo algunos desplantes públicos de Maradona, ninguno le hace perder la cabeza.

Sepp, como le conocen los amigos, es una persona que tiene un talento especial para las relaciones públicas. Educado y correcto, jamás le huye a los flashes.

Y si su imagen aparece poco en las pantallas de los estadios no es por falsa modestia, sino porque a los que todavía no ha logrado convencer de la eficacia de su gestión es a los aficionados, que apenas lo ven comienzan a silbarle. Él lo sabe y alguna vez ha dicho que le “duele no contar con el afecto del hincha”, pero no por eso deja de dormir.

Con EDH


El Diario de Hoy tuvo la oportunidad de platicar con el presidente de la FIFA, a quien le obsequió un ejemplar del libro La Historia de los Mundiales. “¿De El Salvador? Oh, pero qué bien... Qué bonito”, dijo en su perfecto español. Lo tomó con sus manos y hasta leyó en voz alta el título. “La historia de los Mundiales”, repitió mientras dio una rápida hojeada a sus páginas. “Muchas gracias a mis amigos de El Salvador”, agregó.

Y después habló de Alemania 2006. Dio como ejemplo a seguir a Ecuador, que fue el que “mejor representó el estilo del fútbol sudamericano, ya que casi todos sus futbolistas juegan en su país de origen”.

Y elogió a México por sus progresos y aseguró que “le faltó algo de coraje para eliminar a Argentina, a la que tuvo de rodillas”.

A Blatter también le apasiona hablar del superavit de la FIFA, una de las empresas más rentables del mundo. Sobre todo porque sabe que su reelección como presidente de la entidad no corre ningún riesgo.

Europa, el enemigo

No es un secreto que el principal rival de la FIFA es la propia UEFA, que nuclea a las asociaciones nacionales de todos los países de Europa y que varias veces la ha desafiado. Blatter llegó al poder básicamente gracias a los votos de África, Asia y América, y el imán que ejercen los clubes europeos hacia las principales figuras de esos continentes es lo que más lo molestó.

Que Brasil y Argentina no hayan llegado a semifinales, para él es por culpa de la cultura europea que los ha infectado. “Juegan todo el año en un sistema europeo, con las ligas, los muchos, muchos partidos de competiciones de clubes, con copas europeas incluidas; entonces llegan a la selección y no se adaptan”, comentó.

Además, ratificó que el Mundial 2014 se realizará casi con seguridad en Sudamérica, aunque todavía no le dio el completo aval a Brasil, el único postulante hasta el momento: “Yo dije que Brasil tiene que llegar al mismo nivel que los demás. Tiene que responder a todo antes de llegar a la fase de la decisión”.

A pesar de que por rotación les corresponde a los sudamericanos, Blatter no deja pasar la oportunidad para hablar del “fantasma europeo”, ese que hizo que Sudáfrica 2006 -era el turno de los africanos- se transformara en Alemania 2006.

Y así, les mete presión a ambos: “Los brasileños no deberían dar por sentado que ya lo tienen. Hay otros que están preparados para tomar el relevo si algo no está bien. Los europeos siempre tienen hambre de hacer el Mundial”.


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