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Llanto alemán, risa del resto

Mientras los germanos lamentan la derrota, otros hinchas cantan victoria.

  El Diario de Hoy desde Alemania
Claudio Martínez

Publicada 6 de Julio 2006
 

Fue el amanecer de un día agitado. Botellas rotas, cartones, restos de comida y un aroma a orín en vías de evaporación dominan la escena en las tristes calles de Dortmund.

Algunos aficionados yacen en las aceras sin más abrigo que su bandera y sin más sueño que el que les han provocado esos litros de cerveza que corren por su sangre.

Unos duermen, otros simplemente esperan que llegue un tren, un bus o que se les pase la rabia para poder seguir camino a casa. Los periódicos con la derrota ante Italia ya están en los quioscos, pero el masoquismo no llega a tanto para que alguien se atreva a ir a comprarlos.

La pila del diario Bild, que tiene en su portada a Jürgen Klinsmann tomándose la cara con las manos tras el gol de Fabio Grosso, sigue tan alta como cuando llegó. Después, quizás en unas horas, vendrá el tiempo del análisis, de leer la opinión de los especialistas y revivir ese calvario.

Ahora hay que elaborar el duelo. Seguramente Dortmund, la escena del crimen, es el espejo de lo que ocurre en otras ciudades como Berlín, Múnich, Hamburgo.

Pero no sólo hay silencio. Y la euforia no viene envasada únicamente en los colores italianos. A ellos se suma casi todo el resto del mundo, que circunstancialmente se hizo azzurri sólo para ver sufrir a Alemania.

“¡Forza Italia...!” es el grito de batalla de dos holandeses que no dejan de agradecer a todo aquel italiano que se les cruce. Les levantan el pulgar. La sorpresa es que no todos los que visten la camisa Puma azul hablan italiano. “Somos ingleses, pero nuestro corazón estuvo con Italia”, explica uno.

El sentimiento es unánime. Nadie quería que Alemania levantara la copa el 9 de julio. “Es una vergüenza que gane un equipo que juega tan mal al fútbol”, agrega el inglés. Italia no es de esos equipos que despierten mucha simpatía y su habitual juego mezquino -ante Alemania hizo un partido excepcional- no le ayuda a conquistar aliados. Pero ahora es diferente.

También hay japoneses y colombianos, todos celebran la derrota de los locales. “Al fin se les acabó la fiesta a estos”, comenta Eduardo, un turista argentino que no oculta su felicidad. “Que se vayan a Stuttgart a jugar por el tercer puesto”, agrega.

Yuko, una japonesa políticamente correcta, no se anima a hablar por miedo a ofender a los locales, pero cuando advierte el ambiente de fiesta y la ausencia de alemanes, no duda en afirmar: “Yo también estaba con Italia”.

Al día siguiente, los efectos de la derrota ya son evidentes. No sólo en la montaña de periódicos Bild que sigue tan alta como el Everest. También se nota en los comercios con productos relacionados con el Mundial.

El gorrito con los colores alemanes que costaba 9 euros ahora está en la mesa de saldos: cuesta sólo 6. Lo mismo ocurre con las camisas no oficiales del equipo de Klinsmann, las que en los comercios de Múnich pasaron de costar 22.95 a 15. Las Adidas, en cambio, siguen a 65.

Otro negocio de Múnich exhibe un rótulo en su vidriera con un mensaje tentador: 50% de descuento en todos los artículos de Alemania, lo cual incluye banderas, bufandas, diferentes tipos de gorros y vinchas teutonas.

Aunque parezca una contradicción, muchos de esos productos terminan en las manos de esos mismos aficionados que han celebrado a rabiar el adiós de los locales. Cosas del fútbol.

Todos quieren que siga “Klinsi”

 

Pese a la derrota, no hay voces críticas. La coincidencia es total en Alemania para que Jürgen Klinsmann siga al frente de la selección alemana, para que profundice el proyecto de renovación del fútbol alemán.

Lo apoyan los jugadores, los directivos, algunos colegas de la Bundesliga y, sobre todo, los aficionados.

El único que duda y no sabe aún qué hacer es el protagonista: Jürgen Klinsmann. “Déjenme un poco de tiempo, lo necesito para pensarlo”, pide el entrenador, que lleva dos años dirigiendo a la selección, y cuyo contrato vence cuando termine el Mundial.

Un día después de la derrota ante Italia en las semifinales del Mundial, la Federación Alemana de Fútbol (DFB) subrayó su interés en que Klinsmann continúe con su labor.

“Estamos muy orgullosos del trabajo realizado y el éxito alcanzado por Klinsmann y su equipo técnico”, expresó ayer el presidente adjunto de la DFB, Gerhard Mayer-Vorfelder.

Hasta Franz Beckenbauer, uno de los más críticos antes del Mundial, ya fijó su posición: “Sería lamentable que renunciara. Armó ese equipo, que tiene mucho futuro, y los jugadores confían en él”.


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