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Latinoamérica llegó y se fue

Ningún equipo de la CONCAFAF destacó. En Sudamérica, Argentina erró en sus cambios ante Alemania y Brasil decepcionó.

    El Diario de Hoy desde Alemania
Rubén Vásquez

Publicada 4 de Julio 2006

 

La CONCACAF decepcionó, México mostró un fútbol de altibajos sin diseñar ninguna estrategia o estilo único como para rescatar su participación. Como equipos e individualidades nada ni nadie asomó trazos sobresalientes; además, los triunfos fueron como parto de monte, en donde hubo más sufrimiento que gozo.

El mismo Ricardo La Volpe tuvo que reconocer y programar un nuevo equipo ante la selección de Argentina, cuando ya su presencia estaba al borde de la descalificación.

Sí debemos reconocer que nos gustó mucho la afrenta que propusieron desde el inicio hasta el final ante los gauchos; se lanzaron a un juego abierto, rápido, y muy atrevido en donde la norma del partido fue el desafío a todo balón.

En mi opinión, intimidaron a Argentina, robándoles la iniciativa y el respeto para hacer su juego. Todo esto como experiencia ganada, de sus participaciones en diferentes competencias organizadas en Sudamérica.

Por lo demás, ni Costa Rica, ni Estados Unidos, ni Trinidad y Tobago hicieron méritos para destacar; simplemente mostraron lo que tienen y la deuda de un mejor fútbol en todo sentido.

Tal vez lo valioso se rescata ante las opiniones vertidas de algunos jugadores emblema, especialmente de Costa Rica, criticando a su organización, directivos y fútbol mismo, a que cambien para bien de todos. La pobreza de nuestro fútbol centroamericano se vio bien representada sin dudas, pero nos obliga a trabajar de una manera totalmente diferente.

Sobre Estados Unidos, la tónica es la misma, pues se le vio el mismo juego de como cuando juegan la eliminatoria; simplemente así no se puede llegar a un Mundial: sin ideas, ni tácticas definidas, que por lo menos hagan pensar a un Bruce Arena que destaca como callado, cabizbajo y sin iniciativas.

Eliminada Argentina, Latinoamérica ya era un corazón partido, y sólo faltaba que Brasil fallara para el desgarre final. Argentina jugó ante Alemania, tímida y sin iniciativas como especulando y tratando de aprovechar cualquier mal juego del rival.

En mi opinión no sólo fueron errores de cambios de José Pekerman, si bien trató muy temprano de defender la victoria defendiéndose muy atrás y sólo con defensas, también fue la actitud de los jugadores.

No contrarrestaron lo que con su experiencia ya conocen: para defenderse y contraatacar se debe formar línea desde la media hacia arriba y nunca en la parte más baja de la propia cancha. Ni mucho menos lanzar pelotazos sin referencia, ni jugador objetivo, pues para mala decisión Crespo ya no estaba y la inspiración de Riquelme tampoco.

Eso mató a Argentina por lo menos mientras ganaba. Cuando llegó el empate, los jugadores se fueron arriba y presionaron como sabe, lo hicieron tan bien que Alemania se les entregó cediendo juego, iniciativa y esfuerzo. Los alemanes ya no estaban para seguir, sino sólo para esperar y rezar.

La momentánea victoria de Argentina estaba cobrando un gran precio y la casta apareció tarde, para recordarles que a un Mundial se va a jugar como se sabe y no como otros juegan. La lotería de los penaltis y la apatía del réferi en no ver como Lehamann se adelantaba, moviéndose a la intensión del cobrador, dieron los frutos para la organización.

Alemania había puesto a trabajar a científicos y gente de estadísticas para hacer de los penaltis su arma final: habían estudiado pasos, tiempo, distancia y otros parámetros que si bien no serán nunca confiables ni exactos, les dieron a los tiradores esa confianza de creer en que sólo ellos podían ganar el duelo. Hoy, el premio de Alemania es estar en semifinales.


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