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Francia marcha sobre ruedas

Los jugadores galos tuvieron una jornada de recuperación y ya piensan en vencer a Portugal

    Publicada 3 de julio 2006

 

El equipo galo, dirigido por Raymond Domenech, dejó Fráncfort la madrugada de ayer y partió vía aérea hacia Hannover, donde no dejó ver su trabajo, tomando en cuenta que se acercan los duelos más difíciles de la Copa.

Los jugadores de la selección francesa tuvieron una jornada de recuperación, con un paseo en bicicleta incluido, junto al preparador físico Robert Duverne.

La expedición francesa regresó a Hamelin tras el partido contra Brasil y llegó a la concentración en el Schlosshotel, a las 3:30 horas de la madrugada en Alemania (8:30 p.m. en El Salvador), por lo que Raymond Domenech decidió dar descanso a los jugadores. Pero, por la tarde, fueron a dar un paseo en bicicleta por los alrededores del hotel.

Domenech externó su confianza en que se dé un juego limpio frente a Portugal, “una verdadera semifinal, donde realmente se juegue un partido de futbol”, dijo el técnico francés, quien refirió que su rival en puerta tiene jugadores de calidad para enfrentar un duelo mundialista donde destaque el juego limpio.

Destacó que sus jugadores -catalogados como “viejos” para enfrentar la Copa-, tienen un solo objetivo en común y éste es disputar la gran final en el estadio olímpico de Berlín el próximo 9 de julio, cuando la organización alemana dé por concluido el evento futbolístico más importante del orbe.

 

La fiesta enFráncfort

Hubo fiesta de Francia en la noche posterior al partido. Y hubo fiesta también brasileña ¿Cómo? Sí, los brasileños hacen parecer que el dolor de la derrota es un síntoma exclusivo del interior del estadio, y que al salir del mismo, se inician los festejos. En nuestro recorrido desde el estadio de esta ciudad hasta la estación del tren, las calles mostraban a innumerables franceses embriagados de felicidad y afónicos de gritar el clásico “Allez les bleus”.

Pero mezclada con la mancha azul de los ciudadanos galos, lucía muy resplandeciente la sonrisa y baile de los brasileños, sí, aunque suene contradictorio, los aficionados verdeamarelhos dejaron de lado las caras tristes y se sumaron al festejo, el cual tenía como destino altas horas de la madrugada.

Franceses y brasileños se olvidaron de la rivalidad, esa descansaba en el estadio, incluso muchos alemanes, que por cierto cada vez se sienten más campeones, fueron parte de esta fiesta, donde lo que prevaleció fue el buen gusto por la música de carnaval, la misma que contagia aquí, en Río o donde usted elija.

El ritmo en la calle era impuesto por música francesa, que todos cantaban al unísono y bailaban. Noche inolvidable.


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