Las mil y una excusas
Nunca, ninguna explicación después de una derrota en este Mundial escapó a las dichosas excusas. Algunas son ingeniosas
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Publicada 3 de julio 2006 |
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Se supone que los jugadores que participan en un Mundial de fútbol son los mejores de su país, se supone que antes de estar entre los 23 “elegidos” aprendieron a sufrir, tropezar y ponerse nuevamente de pie. Se supone que no les fue nada sencillo llegar al Mundial.
Porque lo cierto, nada más cierto, es que en el fútbol se gana y se pierde. Entonces, ¿por qué justificar un resultado adverso con una excusa simple y a veces hasta insólita?
Las ranas de Potsdam aparecieron en escena tras la estrepitosa derrota de Ucrania ante España por 4-0. Según el diario “Donbass”, el defensa ucraniano Vladislav Vashchuk aseguró que tuvo dificultades para dormir la noche antes del choque por el croar de las ranas en el lago cerca del hotel donde se alojó el equipo.
Mientras Vashchuck intentaba negar los dichos, la noticia recorrió el mundo. Para ponerle fin a la historia sólo sirvió un “mea culpa”: “España fue el mejor equipo y no necesitó ninguna rana que le ayudara”.
A comienzos del Mundial, el servicio meteorólogico había previsto un tiempo “ideal para el fútbol”. Pero evidentemente, es como todo, y en temas climáticos no hay una sola opinión. Mientras parte de la hinchada pudo por fin archivar su abrigo tras interminables meses de frío, para algunos jugadores el frente de alta presión “Volker” se convertía en la peor pesadilla.
“El peor rival fue el calor. Casi nos morimos”, intentó explicar el seleccionador de Holanda, Marco van Basten, el magro rendimiento del equipo tras una victoria con esfuerzo por 1-0 a Serbia y Montenegro.
También el inglés Joe Cole utilizó el calor para justificar el sufrido 1-0 sobre Paraguay: “No estamos acostumbrados a estas condiciones”. Sus dichos fueron reforzados por el capitán David Beckham: “Nos ayudaría que refrescase”.
Y si el problema no viene de arriba, llega desde abajo. “El césped tiene la culpa”, sentenció el técnico francés, Raymond Domenech, tras su empate a cero con Suiza. “Las condiciones eran malas. La hierba frenó a nuestros jugadores”. Al menos, Domenech no tuvo que recurrir a las excusas después y más tras despedir a los brasileños.
El entrenador de Japón Zico encontró en el césped un fuerte obstáculo en su juego, aunque luego se presumió que fue la ausencia de “Erwin Rommel” lo que más influyó en la pronta eliminación del
equipo.
El perro salchica negro tuvo que cumplir con las reglas de la FIFA y no pudo entrar en el estadio. “Erwin” estuvo en el Mundial de Corea y Japón 2002, y aquella vez sí funcionó, el equipo llegó a octavos.
Desde el búnker de Brasil también se escucharon algunas frases que se podían intrepretar como disculpas. “Fue un shock”, “duele perder así”, dijo un equipo que realmente ni jugó.
En cuatro años muchos de los protagonistas de Alemania 2006 se volverán a ver la cara en Sudáfrica 2010. Pero esta vez en invierno y tal vez con césped sintético. ¿Dos excusas menos?