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Locura...

En las calles alemanas se desató el carnaval. En Argentina, en cambio, todo fue tristeza.

    El Diario de Hoy desde Alemania
Agencias

Publicada 1 de Julio 2006

 

El júbilo se apoderó nuevamente del país anfitrión del Mundial al obtener ayer un emocionante triunfo ante Argentina de 4-2 en la tanda de penales y clasificarse para las semifinales de la Copa.
Los gritos, los abrazos y bocinazos se entremezclaron en todos los rincones del país cuando el portero Jens Lehmann atajó el tiro de Esteban Cambiasso.

Minutos después, los coches y las banderas colmaban las principales avenidas. El tradicional Kurfuerstendamm de Berlín fue declarado “zona de fiesta” por la policía.

La elegante Leopoldstrasse de Múnich y su par en Duesseldorf, la Koenigstrasse, se poblaron de los colores nacionales negro, rojo y gualdo de millones de personas que se entregaron a las celebraciones y la esperanza de llegar aun más alto en el segundo Mundial en suelo propio.

Dortmund, Colonia, Gelsenkirchen, Núremberg, Halle, Leipzig y una interminable lista de urbes alemanas reportaban atascos en sus principales arterias céntricas por la avalancha de hinchas extasiados.

Las llamadas “millas del hincha”, donde centenares de miles se congregaron frente a pantallas gigantes para seguir las instancias del partido en la que los nervios estuvieron a flor de piel, tuvieron que ser clausuradas horas antes del partido disputado en el estadio olímpico de Berlín por falta de capacidad.

En Berlín festejaron frente a la Puerta de Brandemburgo unos 700,000, mientras que en Stuttgart se superaron los 40,000 e igual cantidad se dio cita a orillas del río Meno en Fráncfort para ver el partido a través de una pantalla flotante.

“Berlín, Berlín, nos vamos a Berlín”, corearon los entusiastas en alusión a la final que se celebrará en la capital el 9 de julio. Algunos desplegaron carteles con la inscripción “Adiós, Argentina”.
Los festejos transcurrieron en un ambiente pacífico.

...y decepción

 

Lejos de las eufóricas fiestas callejeras que siguieron a las victorias del camino hacia los cuartos, solo algunos se reunieron en torno al Obelisco de Buenos Aires. Pero la sensación que se respiraba era de profunda decepción y un doloroso silencio.

Por las principales avenidas de Buenos Aires, los vehículos circulaban como si fuera un día más, y por las aceras caminaban jóvenes aún enfundados en celeste y blanco, sin nada que festejar.

La ciudad capital retomaba su ritmo normal luego de haber quedado literalmente desierta durante las más de dos horas que duró el partido, en un intento por dejar atrás al Mundial.


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