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Este Brasil lo tiene todo

Sigue sin brillar, pero goleó a Ghana. Una joya de Ronaldo, mucho de Dida, algo de suerte y la ayudita arbitral

 
El Diario de Hoy desde Alemania
Periodista: Claudio Martínez

Publicada 28 de Junio 2006

 

Fueron tres, pudieron ser cinco o seis goles los de Brasil, que venció 3-0 a Ghana y ya está en cuartos de final sin siquiera despeinarse. Quien no haya visto el partido imaginará una exhibición de fútbol, con toques, lujos, fantasía y mucha determinación. No estarían equivocados, aunque paradójicamente ese show no lo dieron los brasileños sino los ghaneses.

¿Cómo? Muy sencillo. Se adueñaron de la pelota desde un comienzo, la hicieron circular con orden y pusieron en aprietos al equipo de Carlos Alberto Parreira. Pero para ganarle a Brasil no alcanza con jugar muy bien, también se necesita hacer goles, tener algo de suerte y sobreponerse a los árbitros, que siempre tienden a beneficiar a los más poderosos. Ghana, con su fútbol lleno de frescura, sólo logró lo primero, y sólo por momentos. Por eso tomará el próximo avión con destino a Accra para seguir el Mundial por televisión.

A Ronaldo le bastó tener una ocasión de gol en el 5’, para definir el juego. Un pase en profundidad de Kaká burló a la endeble defensa en línea africana y el delantero, gordo y todo, dio una cátedra de cómo se define al dejar en el camino al portero Kingson y empujarla a la red con el marco vacío. Los ghaneses sólo atinaban a mirarlo, pero no aprendieron nada.

A partir de entonces, el equipo del simpático Ratomir Dujkovic -que ya se había aflojado el nudo de su corbata pero no perdía la fe- fue una máquina de atacar. Del 18’ hasta el final del primer tiempo generó no menos de seis ocasiones, cuatro de ellas clarísimas. Brasil no podía reaccionar y el toque rápido de sus adversarios era un problema sin solución, sobre todo por el pobre trabajo de Emerson -luego se iría lesionado- y las deficiencias en la marca por el lado de Roberto Carlos. El ejemplo más claro fue en el 42’: cabezazo a quemarropa de John Mensah, que le rebota en un pie a Dida.

Los verdeamarelhos esperaban en su campo con casi todos sus hombres para salir de contragolpe, como si fuese uno de esos equipos chicos que van a jugar al Bernabéu o al Nou Camp a aguantar el partido. Pero había un motivo: se paró así para romper el achique defensivo de los ghaneses, que no siempre lo hacían a la perfección. El gol de Ronaldo fue el más claro ejemplo. Uno quedó enganchado y lo pagaron con el gol.

Cuando Ghana había hechos méritos más que suficientes para igualar el marcador, Brasil sacó otro de sus contraataques letales al 46’ y liquidó el partido. Cafú se escapó por la derecha y envió un centro que encontró a Adriano -en clara posición adelantada- para decretar el 2-0. Los africanos no entendían nada.

Pero reaccionaron cuando vieron en la pantalla gigante del estadio de Dortmund la repetición de la jugada. Se fueron encima del juez de línea para protestarle mientras el público ensayaba una rechifla de descontento. Pero ya era cosa juzgada. La FIFA ha dado la orden expresa de no repetir las jugadas polémicas al público para evitar ese tipo de reacciones, así que el director de cámaras tendrá que buscarse un nuevo trabajo a partir de hoy, pues puso en evidencia la mala apreciación del eslovaco Michel Lubos y sus colaboradores.

El panorama no cambió demasiado en la segunda parte. Kaká fue frenado en sus arranques desde muy atrás y Ronaldinho sigue ausente en el Mundial. Todo era de Appiah, Draman y Amoah, que llegaban con facilidad hasta el borde del área de Dida. Pero sólo hasta allí. A partir de esa línea, se le nublaban las ideas, se cerraban los caminos y el gol era una utopía.


Esta Ghana hace un jogo bonito como quizás ni Brasil ha mostrado hasta aquí, pero necesita de un milagro para hacer un gol.

A Ronaldo le bastó apenas una para mandarla adentro y celebrar. Los ghaneses dispusieron de por lo menos diez y no acertaron ninguna.

Básicamente esa es la diferencia de jerarquía entre un excelente delantero como Ronaldo y uno del montón como Asamoah Gyan, que la tuvo por arriba, por abajo, por el medio y por los costados y siempre falló. Para peor, vio la roja por zambullirse dentro del área cuando ya tenía una amarilla.

Con uno más y el resultado asegurado, Brasil se soltó. Quizás avergonzado por los silbidos de las tribunas y potenciando las ingenuidades defensivas de su rival, otro pelotazo al vacío que burló el achique de la defensa sirvió para que Ze Roberto anotara el tercero.

Este Brasil lo tiene todo. Gana y golea hasta cuando juega mal. Se da el lujo de tener a un Ronaldinho opaco. Cuando le generan ocasiones de gol siempre está el enorme Dida. Cuando todo viene mal aparece Ronaldo y su frialdad para definir. Y cuando no, es la suerte o los palos. O una ayudita como la del gol de Adriano, que nunca viene mal. En otras palabras, se trata de un equipo con tantas variantes al que es imposible ganarle. No alcanza con hacer un partido perfecto, se necesita algo más.



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