La violencia le ganó al juego
La tensión que reinó entre los jugadores transformó el partido en una batalla campal
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Publicada 26 de Junio 2006 |
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Lo que parecía ser un partido más de los octavos de final, con toda su importancia a cuestas, terminó convirtiéndose en el encuentro con ribetes más violentos del torneo.
En lugar del juego, las cuatro expulsiones, los ocho amonestados y un clima combativo en exceso dentro y fuera de la cancha serán finalmente los recuerdos que en primera instancia se vendrán a la memoria cuando se recuerde el pase de Portugal a cuartos venciendo a Holanda.
El partido se desarrolló durante buena parte del segundo tiempo en un ambiente de máxima tensión que se trasladó de inmediato a las tribunas, que comenzaron a protestar absolutamente todo, lo recriminable y lo que no, al árbitro ruso Valentin Ivanov.
La crispación holandesa se había insinuado en el primer tiempo, cuando a los 42 minutos el árbitro prefirió no mostrar una segunda amarilla a Costinha por una falta merecedora de tal y señalar una inexistente falta en ataque de Dirk Kujt sobre Fernando Meira a un claro penal con patada voladora incluida de Nuno Valente a Arjen Robben.
Las aguas parecieron calmarse con la expulsión del propio Costinha en el epílogo del primer tiempo, pero la paz duró solo unos minutos del complemento. Ya viviéndose momentos decisivos para uno y otro, con el consiguiente fervor del alrededor, la expulsión del holandés Khalid Bouharouz selló el quiebre emocional del encuentro. En ese momento Ivanov había sacado ya nueve veces su tarjeta amarilla del bolsillo.
Los holandeses acusaron a Figo de teatralizar el codazo del defensor y se sucedieron los empujones. A partir de allí, la olla a presión en la que se convirtió el Frankestadion fue insoportable.
Jugadores que empezaron a ir al límite del reglamento, adrenalina mal reconducida en disputas ante cada falta sospechada de malintencionada o exagerada y un público que desgarró sus gargantas ante cada protesta.
Ivanov no paraba de sacar amarillas y Deco primero, y Gio Van Bronckhorst casi en el final del partido, cambiaron sus amonestaciones iniciales por rojas.
Al final, 16 tarjetas amarillas, entre ellas las ocho que enviaron a cuatro jugadores al vestuario antes de tiempo, adornaron la síntesis del partido. En el medio, un choque en el que Holanda luchaba por el empate y Portugal, con el indudable sello de su entrenador, Luiz Scolari, se movía como pez en el agua en la situación.
El pitazo final, que llegó siete minutos después de cumplidos los 90, encontró a los holandeses de cara a la hierba y a los portugueses mirando al cielo. Fue la imagen de la gloria y del barro del fútbol en su estado puro. Pero la media hora anterior se había desarrollado en un símil del circo romano.
Ivanov entró en la historia
Dieciséis tarjetas amarillas y cuatro rojas mostró ayer el árbitro ruso Valentin Ivanov en el partido entre Portugal y Holanda, la cosecha más abundante de amonestaciones en la historia de los Mundiales que iguala el récord establecido por el español Antonio Jesús López Nieto en el Mundial anterior.
La “batalla” entre lusos y tulipanes registró la cifra mayor de expulsados en un solo partido de un Mundial, con cuatro, todos ellos a consecuencia de una segunda amonestación.
El holandés Van Bommel inauguró la cuenta de amonestados ya en el minuto 2’ y le siguieron Boulahrouz (7’ y 63’, expulsado), Maniche (20’), Costinha (31’ y 46’, expulsado), Petit (50’), Van Bronckhorst (59’ y 95’, expulsado), Figo (60’), Deco (73’ y 78’, expulsado), Sneijder (73’), Van der Vaart (74’), Ricardo (76), Nuno Valente (76’).
En el anterior Mundial (Corea-Japón 2002) el árbitro López Nieto estableció un récord, con dieciséis amarillas, en el partido Camerún-Alemania en Shizuoka (Japón), que concluyó con dos expulsados por doble amonestación.
El número de amonestaciones que hizo, el único árbitro español presente en aquel Mundial, superó a las 12 del partido entre las selecciones de Senegal y Uruguay disputado unas horas antes en Suwon (Corea).
Hasta entonces el mayor número de tarjetas amarillas mostradas en un Mundial estaba fijado en 10, correspondientes al partido de octavos México-Bulgaria en Estados Unidos 1994. <AGENCIA EFE>