Beckham y diez más
Inglaterra jugó horrible ante Ecuador. Lo salvó su capitán, con un golazo de tiro libre
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El Diario de Hoy desde Alemania
Periodista: Claudio Martínez
Publicada 26 de Junio 2006 |
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Unos minutos antes del comienzo, la gran diversión en el palco de prensa del Gottlieb-Daimer Stadion de Stuttgart pasaba por descubrir los atuendos más originales de los aficionados ingleses.
Se podía ver a tres disfrazados de caballeros medievales, a uno caracterizado como Winston Churchill y hasta a Victoria Beckham -la real, nada de imitaciones baratas- y sus hijos Romeo y Brooklyn. Mientras tanto, unos periodistas jugaban una extraña apuesta.
Trataban de adivinar cuánto pasaría hasta que Ecuador hiciera su primer remate al arco inglés. No había dinero de por medio, se jugaba el orgullo y la intuición. La mayoría concluyó que el primer disparo a marco sería ya en el segundo tiempo, como ante Alemania.
Se equivocaron todos. Iban 10’ cuando los británicos se dieron cuenta de que el partido no iba a ser sencillo. John Terry -increíblemente elegido por la FIFA el mejor del partido- hizo un mal rechace hacia atrás y la pelota le llegó a Carlos Tenorio. El delantero tardó un segundo más en acomodarse y permitió que su derechazo fuera apenas interceptado por el velocísimo Ashley Cole, quien venía a cerrar. La pelota dio en el larguero y siguió su curso. Nadie ganó la apuesta.
El equipo sudamericano se plantó muy bien, sin pegar ni desordenarse, y consiguió neutralizar durante una hora a Inglaterra. El equipo de Eriksson mete miedo con apellidos como Gerrard, Rooney, Beckham, Cole, Terry, Lampard y compañía, pero después, jugando, es de terror. Ecuador le quitó la pelota, la movió por todos los sectores y nunca perdió la calma. Además, fue el que tuvo las mejores ocasiones de anotar, aunque ninguna como la que desperdició Tenorio al principio. De esas se dan sólo una en un partido y no la supo aprovechar.
Lo de los británicos era tan pobre y tan desesperante que hasta su propio público comenzó a silbarlos. Era un equipo sin alma y sin rumbo que caía siempre en el individualismo como tabla de salvación.
Los sudamericanos le empezaron a faltar el respeto cuando se dieron cuenta de la pasividad de los ingleses y de que su técnico había tomado demasiados recaudos: sólo puso un delantero, Wayne Rooney. Además, en gran parte del juego se defendió -estando 0-0- con los once hombres en su propio campo, como si enfrente tuviera a la Holanda de Cruyff o al Santos de Pelé. Con Edison Méndez y Luis Valencia como bandera, Ecuador lo complicó y le quitó la pelota.
La ilusión duró exactamente una hora. Al 60’ pitaron una falta inexistente a favor de los ingleses al borde del área. Ideal para David Beckham, cuya única virtud no es ser carilindo y rubio: también le pega muy bien en los tiros libre.
Y así llegó el único gol del partido. Una caricia del 7 a la pelota que cruzó la barrera y derrotó al portero Cristian Mora, que se estiró pero no alcanzó a desviarla. Eso fue todo. Una genialidad del volante sacó a Inglaterra de un problema mayúsculo.
El gol abrió a Ecuador, pero sobre todo golpeó su moral. Perdió la serenidad y empezó a fallar en las salidas con pases equivocados, posibilitándole peligrosos contraataques a su adversario que no terminaron en gol por la mala tarde de Frank Lampard o la falta de compañía para Rooney, de un buen segundo tiempo.
A los sudamericanos les quedaba una pequeña dosis de energía que agotaron en los últimos minutos, cuando trataron de arrinconar a los británicos en su área. El susto era tal que el portero Paul Robinson tuvo que tirarse en el suelo simulando una lesión para que corriera el reloj. Y Eriksson al final puso su sello, demostrando que si recibe 8 millones de dólares anuales en salario es por algo.
¿Revolución táctica? No, pero hizo dos cambios que le consumieron lo poco que le quedaba al partido. Todo un estratega el sueco.