México lloró con orgullo
Unas 20 mil personas animaron a la selección azteca en el Zócalo capitalino
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El Diario de Hoy desde Alemania
Periodista: Leire Ventas
En México
Publicada 25 de Junio 2006 |
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Aquella mujer ataviada con una camisa pirata de la selección mexicana no sabía que la promesa lanzada minutos antes le saldría barata: “Les juro que si pasa a cuartos me compro la original.
¡La original!”, había dicho. A la 1:50 de la tarde y a dos estaciones de metro del Zócalo capitalino, aún había esperanza.
Y en el corazón de la capital, lo que había era una mancha compacta de unos 20 mil capitalinos, según Protección Ciudadana, con los ojos clavados en la pantalla de cuatro metros por tres que el Gobierno del Distrito Federal ha colocado para todos los partidos del Mundial.
Ahí, donde reinaba la esperanza, estaba Luis Enrique, un mexicano que ocupaba un privilegiado puesto en primera fila, conseguido porque había llegado con dos horas de antelación al partido.
La euforia alcanzó el cénit temprano. Al minuto cinco, Rafa Márquez hizo saltar botellas de plástico y arrancó gritos desaforados de miles de sus compatriotas. México ganaba 1-0 a una Argentina que no ofrecía casi nada en el campo.
“México está jugando mejor que Argentina”, se escuchaba en el televisor, y los parroquianos respondían con aplausos.
Poco importó el 1-1 logrado por Argentina. Los mexicanos seguían con la fiesta. Tambores, pitos, etc. La esperanza seguía incólume.
La euforia no cesó ni con el 2-1 del extra tiempo. Apareció el característico “Sí se puede” y el “Canta y no llores”, como tratando de animar a su “Tri” desde la distancia.
Tras el pitazo final, los 20 mil aficionados mexicanos, y uno que otro colado, porque los hubo, dieron la espalda a la pantalla. Cada quien para su casa, a cocinar otra esperanza, para dentro de cuatro años. Tal vez entonces, la mujer de la camisa cumpla su promesa.
Apuntes
• “Hoy habrá quilombo en Buenos Aires”, dijo un parroquiano que inmediatamente nos suplica que no revelemos la nacionalidad que su acento no puede esconder. Hasta entonces, no había emitido palabra.
• Casi nadie escuchó el mensaje que el presidente Fox le envió a la selección reconociendo su trabajo en el Mundial. A esa hora, el Zócalo empezaba a vaciarse de aficionados.
• Los servicios médicos instaladas en el Zócalo atendieron a diez personas “todos con casos leves”, según el encargado de logística de la Secretaría de Salud: insolaciones, mareos, subidas de presión. El más grave, un joven que resultó con cortaduras con vidrio.