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Con el espíritu del 98

Francia al fin pudo ganar y entró en los octavos tras vencer a un débil togo. era la cuenta pendiente para un equipo que no había ganado en mundiales desde la final con brasil, hace 8 años.

  El Diario de Hoy desde Alemania
Iván Miranda

Publicada 24 de Junio 2006

 

Francia evocó los espíritus del ’98 y con goles de Patrick Vieira y Thierry Henry, por fin pudo encontrar una victoria mundialista que no conseguía precisamente desde que venció a Brasil en la final del Mundial que organizó hace ocho años, en cuyo plantel formaron parte los dos goleadores de anoche.

Con su máxima figura Zinedine Zidane fuera de juego, presente únicamente en los cantos de los aficionados que corearon su nombre cuando el nerviosismo aumentaba por lo cerrado del marcador o por los letreros que rezaban “Zizou pour la legende”, Francia fue más que Togo, pero no lo suficiente para transformar el dominio en una actuación convincente.

Por nombres, trayectoria y jerarquía los franceses dominaron el panorama, lo cual fue notorio desde los primeros minutos. Porque la columna vertebral integrada por Thuram y Gallas en el centro de la zaga, Makelele y Vieira en el medio campo, y Henry y Trezeguet en el ataque, hizo suponer un equipo galo que arrasaría a los supuestos desconocidos contra los que jugaban, pero que para infortunio de ellos, cinco titulares de Togo juegan en el fútbol de Francia, por lo que en cierto modo el partido fue en familia.

Como tenía que ser, Henry asumió la responsabilidad de líder en los franceses, corrió con mucha dinámica, y su voz de mando se dejó escuchar cada vez que pedía más presencia en el ataque, pero lamentablemente toda la buena disposición tuvo un handicap imposible de superar, ni Florent Malouda ni Frank Ribery son Zidane, y cuando el balón pasó por ellos para explotar el ataque, fue notoria la ausencia de talento en la ejecución.

 

En Togo fue notoria la actuación del portero Kossi Agassa, que se dedicó a imponerse en el juego aéreo y cuando tuvo que atajar lo hizo de forma espectacular. Se fue reconocido por la afición en general.

Con más corazón que calidad en la representación africana comenzaron a sobresalir jugadores de la talla de Adebayor y Mohamed Kader en ataque, apoyados por Senaya por el sector derecho y Maman como creador, quienes se vieron bien cuando utilizaron la velocidad de sus piernas como argumento futbolístico, el problema se dio cuando tuvieron que recurrir al talento, porque sus esfuerzos se diluyeron.

Se jugaban 52 minutos y los cantos de los aficionados franceses se volvían exigentes con sus jugadores, porque la frustración comenzaba a rondar en ellos. Pero aparecieron los espíritus del ’98: Vieira corrió a las espaldas de Ribery para ponerse en posición de gol, el pase llegó hasta su dominio y con media vuelta disparó para vencer al, hasta ese momento, perfecto arquero Agassa y así abrir el marcador que fue respaldado por el ensordecedor grito de batalla “Allez le bleu” (vamos la azul).

Luego, en el ’61, Sagnol envió el balón al área, Vieira anticipó a los zagueros y de cabeza le sirvió el segundo gol a Henry. Los encantos del Mundial del 98 habían revivido a un equipo que hasta ese momento hizo méritos para el triunfo.

Francia pasó de esta forma a los octavos para enfrentarse a España, en un juego que resulta difícil y donde deberá seguir aferrándose a esos espíritus triunfadores, los espíritus del Campeón del ’98.

 



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