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No todos los goles son culpa del portero

Una noche en Kaiserslautern con dos cuscatlecos que viven la fiesta del Mundial. Van por Brasil y España

  El Diario de hoy
Dino Zoff
Ex jugador y ex dt de la selección de italia. capitán del campeón mundial de 1982
Publicada 23 de Junio 2006

El mundial de Alemania ha sido bastante bueno, hasta ahora, aunque algunas selecciones no han mostrado su mejor fútbol, como la favorita Brasil, o Francia. Los equipos que han llamado más la atención han sido, por una parte, España, que jugó particularmente bien, y por otra una convincente Italia. También me ha gustado el primer partido de la República Checa, pero la lesión de un jugador fuerte como Koller junto a la deficiente condición física de Baros, crearon problemas en su línea de ataque y finalmente quedó eliminada.

Aparte de Francia, todas las selecciones teóricamente más importantes siguen adelante: Inglaterra, Argentina, los anfitriones alemanes… En un Mundial, los primeros partidos siempre son difíciles, porque se viven con más intensidad y con más preocupación. Por eso los equipos no consiguen mostrar todo su potencial. Habitualmente los temores perduran durante la primera fase, para desaparecer más tarde, a partir de octavos, cuando ya se ha cogido el ritmo y hay que jugarse la clasificación en enfrentamientos directos.

Se ha hablado mucho del gran número de tantos marcados desde larga distancia. En realidad la pelota tiene un peso y unas dimensiones estándar, que no pueden variar demasiado. El aumento de goles de este tipo podría haberse visto favorecido por la peculiar elasticidad de los nuevos materiales sintéticos con los que se confeccionan los balones.

De todas maneras, he visto a muchos jugadores intentar el disparo: algunos fueron goles, pero muchos enviaron el esférico a la grada. A la hora de la verdad la calidad del futbolista sigue marcando la diferencia, aunque al final, todas las miradas se centran en el portero.

Hay que tener en cuenta que algunos disparos desde lejos pueden perder fuerza o que, lanzados con efecto, pueden adoptar trayectorias inesperadas que engañan al portero. Por eso, no siempre es culpa del último hombre si se encajan goles desde tan lejos.

Durante el Mundial de Argentina, en 1978, yo mismo fui víctima de este tipo de tantos. Si yo hubiera estado más en forma, todo hubiera ido mejor, aunque algunos fueron imparables. Son cosas que pasan.


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