Hermandad futbolera
El equipo de Eriksson tiene con qué ilusionarse pero también debilidades
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El Diario de Hoy
Iván Miranda/Desde Dortmund
[Alemania]
Publicada 23 de Junio 2006 |
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Brasileños y japoneses le pusieron el toque de distinción al jueves mundialista en Dortmund. Desde todas partes de Alemania, y por que no decirlo, también de Europa, hubo un movimiento de aficionados que, vestidos de amarillo, en el caso de los suramericanos, y azul, en el de los nipones, convirtieron esta ciudad en una rara mezcla de hermandad futbolera, donde no existió el más mínimo brote de rivalidad.
Todos los caminos indican a la estación central del tren. En la ruta, lo que más se observó fueron saludos cordiales entre ciudadanos de ambos países, esta vez no surgieron los cantos intimidadores que los rivales del fútbol ritualizan antes de cada partido, aquí, por el contrario, hubo abrazos, bailes y hasta uno que otro consejo para hacer la mejor compra de boletos en el mercado negro.
Y es que la pasión por el fútbol en estos dos países no conoce de límites, de los brasileños son innumerables las historias por contar, desde samba y ritmos contagiantes, hasta futbolistas elevados a dioses a través de la historia. Los japoneses, en tanto, se distinguen por decir sí a cada propuesta del mercado negro, no les importó lo que tuvieron que pagar con tal de estar dentro del estadio, este fue uno de los partidos más caros en la reventa, porque nadie habló de menos de mil euros.
Los entusiastas cazadores de boletos japoneses se instalaron con sendos letreros escritos en su idioma natal e inglés, lucían el ya familiarizado “I need ticket”, el cual acompañaban con una amable sonrisa, como queriendo persuadir a sus posibles vendedores.
Esta es una de las típicas costumbres del convulsivo movimiento del Mundial, en cada ciudad, en los alrededores de los estadios, en todas partes están los compradores, quienes en el caso de los mexicanos tienen claro que deben someterse a lo que el mercado les demande, porque se reportan cifras de ochenta mil ciudadanos aztecas que han llegado a Alemania, y los estadios tiene capacidad promedio para cincuenta mil hinchas, por lo que es imposible satisfacer su demanda.
La tierra de Zico
Para los japoneses es imposible rivalizar con Brasil, todos respetan y quieren a su entrenador, el ex astro internacional brasileño Zico, y así lo manifiestan en las calles cuando saludan a cuanto brasileiro se les cruza en su camino.
Un saludo inclinando la cabeza, una enorme sonrisa y una clara pronunciación del “Zico con Japan”, sorprende al más entusiasta ciudadano verdeamarelho, que con tal expresión identifica el respeto y el afecto que alguna manera les une.
Está claro que en un partido de fútbol, cuando suena el silbato del árbitro, esas cortesías pasan a un segundo plano, en Brasil, por ejemplo, nadie piensa en una derrota, nadie sospecha que Ronaldo y compañía puedan fracasar, mientras que los japoneses se limitan a compartir un escueto “this is the World Cup”, sintetizando todo lo que para ellos representa la magnitud del Mundial.
Justificado o no, pero con la salvedad que en este caso es comprensible, debemos admitir que entre brasileños y japoneses impera una hermandad como pocas, porque es una hermandad futbolera. Esa que debe existir siempre en el deporte.