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El silbante de Hamelín

Raymond Domenech, entrenador de Francia, tiene a todos en contra: jugadores, periodistas y aficionados

 
El Diario de Hoy
Claudio Martínez
En Hamburgo [Alemania]
Publicada 23 de Junio 2006

 

Quizás Raymond Domenech eligió Hamelín para instalar su cuartel general en Alemania por una razón. En esa ciudad nació la famosa leyenda del flautista. Allá por el año 1284, dicen que apareció por el lugar un hombre muy particular con una chaqueta multicolor -curiosamente eran blanco, azul y rojo, los mismos de Francia-, con una flauta mágica que era capaz de eliminar todas las ratas y ratones de la ciudad.

Al hacer sonar su instrumento, todos los roedores formaban una fila detrás de él y lo seguían. Probablemente ese es el efecto que el seleccionador francés pretendía para sus muchachos. Domenech no tiene flauta pero sí un silbato con el que dirige la práctica de Le Bleus. Pero nadie lo sigue y todos lo cuestionan, empezando por su capitán Zinedine Zidane.

En Hamelín, donde hay dibujado ratones en todas las aceras, no se habla mucho de fútbol. Pero hasta los pobladores locales advierten que algo raro está pasando con Francia. Es la única de las selecciones grandes que todavía no ha ganado y huelen el ambiente tenso. A Domenech, que ya no tiene el silbato colgado de su cuello, no le importa nada. Llega a la rueda de prensa con una sonrisa que deja ver su dentadura perfecta, lo cual irrita aún más a los periodistas galos. No hay motivos para reír, dicen. Lo hace a propósito, para provocarlos.

Todos aseguran que la relación con Zinedine Zidane es pésima, que no se soportan. Y el cambio en el minuto final ante Corea, cuando decidió reemplazarlo, lo confirma. Zizou ni lo miró, arrojó ofuscado su muñequera contra la banca y se sentó sin hablar. Esa imagen del ídolo francés encolerizado podría ser la última del Zidane futbolista, pues ha dicho que se retirará después del Mundial. Y como hoy no jugará ante Togo por acumular dos amarillas, si Francia no consigue el boleto para octavos habrá sido su fin. Domenech desmintió cualquier pelea y dice que “con él tengo un relación normal, la habitual entre un entrenador y un capitán”.

Tampoco David Trezeguet está muy feliz con el seleccionador. Lo ha relegado a la banca en los dos juegos a pesar de la falta de gol del equipo y, lo que es peor, ante Corea lo hizo entrar ya cuando se jugaba tiempo adicionado y no tocó la pelota. El delantero se sintió humillado por tal decisión, pero no estalló porque sabe que si levanta la voz las represalias pueden ser fatales. Hoy, será titular.

El único que se siente a gusto a Fabien Barthez, a quien Domenech le aseguró la titularidad cuando todos lo cuestionaban. El portero tiene otros privilegios, como permisos especiales. Eso motivó que unos días antes de viajar a Alemania, Gregory Coupet -guardameta del Lyon y el preferido de la gente- se cansara de las desigualdades y se retirara de la concentración. Hubo que convencerlo para que regresara. Hace unos días, el periódico alemán Bild publicó tres fotos de Barthez fumando en su habitación. Otro escándalo. Otro perdón para el portero.

Lo que más le molesta a los franceses en general y a los periodistas en particular es que está convencido de que va por el camino correcto. Y cuando dice “que defensivamente son de lo mejor que se vio en el Mundial”, algunos sueltan carcajadas. Estas aumentan cuando se compara con Brasil. “Ellos tampoco han jugado bien, pero nadie dice nada. La diferencia es que tienen serenidad para definir y nosotros no”.

Nadie le discute sus habilidades tácticas, pero hay otro aspecto en el que todavía es mejor: su capacidad para ganar enemigos. Osó criticar a los árbitros y la FIFA, pero elípticamente apuntó a Joseph Blatter. “Los suizos se están beneficiando mucho de los arbitrajes. En dos partidos hubo tres fallos que nos perjudicaron. Eso ya es demasiada mala suerte”, dijo con ironía.

La relación con los medios es sencillamente pésima. Domenech se enfrentó con los enviados de los periodistas de los diarios L’Equipe y Le Parisien, a quienes acusó de revelar detalles clave a Suiza, su primer rival. Ellos observaron la práctica a escondidas y publicaron que Ribery iba a ser titular. “No tiene sentido espiarnos mientras estamos trabajando. Lo que ustedes tienen que hacer es ver la práctica de Suiza y contarnos qué están haciendo ellos, eso sería lo normal”.

Pero Domenech no odia a los periodistas, queda claro. De hecho, su novia es una presentadora de televisión francesa, Estelle Denis, quien hace unas semanas dio la primicia de que Franck Jurietti, defensor del Bordeaux, iba a ser incluido en la lista del Mundial. El resto de los comunicadores se enfureció con él, ya que el comunicado oficial con la noticia llegó un día después. ¿Quién le habrá contado el secreto a la bella Estelle?



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