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Y al tercer día descansó

Argentina hizo varios cambios, bajó el ritmo y empató con Holanda, pero igual ganó su grupo. Se medirá el sábado con México en los octavos de final.

 
El Diario de Hoy desde Alemania
Claudio Martínez, desde Fráncfort

Publicada 22 de Junio 2006

 

El que se suponía que sería el mejor partido del Mundial, el que todos querían ver, el que para conseguir un ticket había que pagar casi 1,000 euros en la reventa, al final no superó las expectativas.

No es que Argentina-Holanda haya sido un desastre, pero no fue lo esperado.

Cuando dos potencias futbolísticas chocan en la última fecha de la fase de grupos pueden suceder dos cosas. 1) que uno o ambos necesiten ganar para poder avanzar, lo que lo convierte en un espectáculo vibrante e intenso, lleno de morbo; 2) o que los dos estén clasificados y jueguen a media máquina, pongan suplentes y no salgan desesperadamente a buscar el arco contrario. Lamentablemente, por la combinación de los resultados se dio lo último, y el marcador fue un 0-0 opaco.

Argentina lo pudo ganar, sobre todo por lo realizado en el primer tiempo cuando se juntaron Riquelme, Tévez y Messi. La joya del Barcelona tuvo su oportunidad desde el arranque e hizo algunas de sus jugadas clásicas donde desparramó rivales, pero se fue diluyendo y perdió algunas pelotas.

El otro al que Pekerman decidió poner desde el arranque fue al delantero del Corinthians, ya que Crespo y Saviola -los titulares- tenían una amarilla cada uno y el entrenador quería que llegaran limpios al juego de octavos.

 

Carlitos, como se hace llamar en Brasil, fue una pesadilla para todos. Incisivo y encarador, fue el que más cerca estuvo de romper el cero. La primera fue al 16’, un recorte por derecha típico de él. Y la última al 90’, cuando una media vuelta se fue apenas afuera.

Holanda no se esforzó demasiado, hizo lo suficiente para no perder y poco más. Había dejado a Robben en la banca y Van Nistelrooy fue presa fácil de un impecable Fabián Ayala, que se complementó bien con Gabriel Milito, quien ocupó el lugar de Heinze.

Las mejores ocasiones, que tampoco abundaron, fueron para Argentina. Aparte de Tévez, el que más cerca estuvo de anotar fue Maxi Rodríguez.

El volante del Atlético Madrid tiene la increíble capacidad física de desdoblarse y siempre llega vacío para explotar su excelente remate de media distancia. Ayer lo tuvo al 28’ y al 32’ y ambas se fueron apenas desviadas.

 

Lo mismo ocurre con Cambiasso, pero para eso es necesario tener a alguien como Mascherano que se encargue de los relevos, de cerrar espacios y cortar juego.

El equipo de Van Basten tuvo dos situaciones en todo el partido. Una fue cuando Kuyt se aprovechó del lesionado Burdisso -sufrió una distensión de ligamentos- y quedó mano a mano con Abbondanzieri, aunque remató sin demasiado ángulo y el portero respondió. El Pato volvió a estirar su mano cuando Cocu, al 68’, remató desde la izquierda. Nada más.

Ni uno ni otro jugaron a elegir rivales, pero era evidente que el empate no le disgustaba a ninguno. Riquelme adormecía la pelota más de la cuenta, Messi se fue reemplazado por Cruz y Maxi Rodríguez puso a regular su motorcito.

Al único que todavía le quedaba energía y talento era a Carlos Tévez, que buscaba su gol y se las ingenió para generar ocasiones aún con triple marca. El resto ya estaba haciendo cálculos. Argentina ya pensaba en México y Holanda en Portugal.


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