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Inglaterra y Suecia empataron y ambos salieron favorecidos. Los ingleses quedaron primeros y evitarán a Alemania en octavos; los suecos se clasificaron

 
El Diario de Hoy desde Alemania
Periodista: Iván Miranda
Colonia [Alemania]

Publicada 21 de Junio 2006

 

Inglaterra y Suecia empataron 2-2 en el partido “más europeo” de lo que va del Mundial, con intenso duelo en el medio campo y pases largos buscando hacer daño con el juego aéreo, en lo que fue el cierre de la actividad del Grupo B, que empareja para octavos de final a los ingleses con Ecuador y a los suecos con los anfitriones alemanes.

David Beckham fue el conductor de su selección, ensayando combinaciones que por momentos presentaron a un solo equipo en el terreno, porque Suecia parecía no tener alma y especulaba desde el inicio con los errores que los ingleses pudieran cometer, lo cual se justifica con la casi nula presencia ofensiva, donde Larsson nunca llegó a entenderse con Marcus Allback.

A la labor del capitán inglés se sumaron los jugadores del Chelsea, Frank Lampard y Joe Cole, que no tuvieron reservas para exhibir toda la clase que les ha hecho famosos, especialmente este último, que a los 34 minutos destrozó la armonía que reinaba en el estadio de Colonia, al recoger el balón que había sido rechazado por la zaga sueca. Cole controló con el pecho y envió un cañonazo que se coló en el ángulo superior izquierdo de Andreas Isaksson.

Era el premio al mejor trabajo, sin embargo, hay que destacar que cuando Suecia se decidió a ir al ataque, principalmente por la iniciativa de Fredrik Ljungberg como armador, se descubrieron debilidades defensivas en los ingleses, concretamente en el jugador Rio Ferdinand, que fue muy lento en el duelo con Allback.

El empuje llevó a los suecos al empate, porque a los 51 minutos Ljungberg, una vez más, correspondió a los aplausos con una larga corrida en solitario, que tuvo como premio un tiro de esquina.

Al cobro llega el especialista Tobias Linderoth, quien envía el balón al primer palo, donde aparece el cabezazo impecable de Marcus Allback, quien superó el intento de rechazo de Ashley Cole, así como la petrificada figura del portero Paul Robinson, que comete el pecado de jugar muy clavado en la línea, con lo cual se anotaba el gol número dos mil en la historia de los Mundiales.

Fue la inyección que Suecia necesitaba para entrar en el partido, y lo confirmó dos minutos después, cuando llega otro tiro de esquina que Teddy Lucic baja a los pies de Larsson y el goleador remata, frustrándose el gol con la desviada de Robinson que se combinó con el travesaño.

El equipo inglés estaba desconcertado. Pero al minuto 69, el técnico Sven Goran Eriksson hace el cambio de Steven Gerrard en sustitución de Wayne Rooney, que hasta ese momento se había sacrificado corriendo en forma intensa, pero sin sentido.

El cambio obligó a que Meter Crouch quedara como el jugador en punta, mientras que el capitán del Liverpool se ubicó en el mediocampo, y en pocos minutos fue determinante para su selección, porque al 71’ salvó sobre la línea un cabezazo de Kallstrom, y a los 85 nuevamente la locura inglesa, Gerard cabecea a las redes el 2-1.

El festejo fue descomunal y casi se aseguraba el triunfo.

Pero la última palabra no estaba dicha. Nuevamente el portero inglés Robinson se queda clavado en la línea y observa impotente cómo un largo saque de manos comienza a superar a zagueros y atacantes, dando hasta tres rebotes en la grama, hasta que aparece el toque de Henrik Larsson.

El cierre fue un justo premio para el sacrificio y reacción de los suecos, y una sensación de frustración para un mejor equipo inglés, que pese a todo se quedó con el liderazgo del grupo.


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