Otra vez le tocó sudar
Brasil tuvo otro partido opaco, ganÓ sin sobrarle nada y se clasificó a octavos. Ronaldinho sigue sin aparecer y el candidato volvió a quedar en deuda a pesar Del Triunfo
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El Diario de Hoy desde Alemania
Periodista: Claudio Martínez
Publicada 19 de Junio 2006 |
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Horrible. Aburrida. Exasperante. Esos calificativos, y otros todavía peores, valen para esta versión desdibujada de la selección de Brasil. Sin embargo, esto no hace más que confirmar por qué está por encima de todos los otros equipos y más que nunca es el máximo favorito a quedarse con la copa.
Si jugando feo, con laterales tan vulnerables como Cafú y Roberto Carlos, con Ronaldo fuera de órbita y Ronaldinho desaparecido ganó dos sus dos partidos, no le convirtieron ningún gol y a falta de un juego ya está en octavos de final... ¿Imagínense lo que ocurrirá cuando juegue con once?
Porque el 9 y el 10 se quedaron en España, o en hotel. Después de esta flojísima actuación, hay una razón más para temerle al equipo de Parreira. Difícilmente vuelva a jugar tan mal como estos dos primeros juegos. Y si nadie pudo con ellos en su punto más bajo, cuando despierte será letal. Ese es el mensaje que envía. La gente que llegó a alentarlos lo entendió y los aplaudió a todos, incluso a Ronaldo. Los periodistas brasileños, en cambio, no dejan ni un segundo de criticar a Parreira. Dicen, entre otras cosas, que le falta valor para borrar a Ronaldo y a Cafú y también de reemplazar a Ronaldinho cuando no está iluminado.
Australia se plantó de la misma forma que Croacia hace unos días y logró cerrarle casi todas las puertas de ataque. No necesitó pegar y hasta se dio el lujo de salir tocando, en algunos momentos con elegancia. Como todo equipo digno de Guus Hiddink, el orden defensivo es la piedra fundamental de su esquema. Después, si se puede atacar, mucho mejor. Los representantes de Oceanía perdieron 2-0, pero hicieron un gran juego. Igual, eso no es suficiente para ganarle a Brasil, ni siquiera para robarle un punto.
Tal es el temor que infunde Brasil, aún con este equipo tibio, que sus rivales se repliegan automáticamente y dejan muy solos a los delanteros. Le pasó a Croacia, le ocurrió a Australia. Y la diferencia de jerarquía
individual, la que hace la diferencia, se nota en algunos detalles.
Cuando a Kaká o a Adriano le queda una pelota botando cerca del área, lo más probable es que sea gol. Los australianos dispusieron cuatro de esas, en los pies de Viduka, Bresciano y Kewell –ni siquiera estaba Dida en el arco–, y todas fueron a las gradas.
Brasil parece hacer apenas el esfuerzo mínimo para ganar los partidos, como si estuviera regulando energía, conservándola para los partidos de más adelante, donde tendrá rivales más poderosos. Le alcanzó con el zurdazo de Adriano –a pase de Ronaldo, vale decirlo– al 48’ para sacar esa diferencia.
El delantero del Inter, que también lució fuera de forma pero se mostró más que su pareja de ataque, celebró con los brazos en cuna, a lo Bebeto, en homenaje a su primer hijo, recién nacido.
A partir del 1-0, Brasil se dedicó a jugar de contraataque, cediéndole el terreno a su adversario para aprovechar los espacios. Pero no hubo magia ni fantasía, sólo el oficio del siempre eficiente Ze Roberto y de Emerson para conservador el equilibrio.
Los australianos estuvieron varias veces a punto de empatarle, pero fallaron en la puntada final. Llegaban hasta el borde del área y ahí se le agotaban las ideas. Lo tuvo Bresciano con una tijera y tapó Dida.
También estuvo cerca Viduka con una vaselina que paralizó a los aficionados. A esa altura el partido era de ida y vuelta, sin brillo pero con mucho ritmo. Al 72’, Parreira reiteró el cambio que hizo ante Croacia y mandó a la cancha a Robinho por Ronaldo, que volvió a estar lento y pesado.
Robinho le dio algo de vitalidad al mediocampo, colaboró con Kaká –más apagado que en el debut pero con subidas electrizantes– y participó del segundo gol. Australia había adelantado sus líneas y cada vez dejaba más espacios en defensa. Jugó a la ruleta rusa buscando el gol del empate.
Cuando le tocó el turno de matar, falló. Y la bala la tenía el recién ingresado Fred, que aprovechó un rebote en uno de los tantos contraaques y selló el resultado al 90’.