Sueño cumplido
Se hizo realidad el
pedido de todos los hinchas: el “pibe
de oro” jugó 15 minutos y brilló:
puso una asistencia y metió un gol en
su debut mundialista.
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El Diario de Hoy desde Alemania
Iván Miranda
Publicada 17 de
Junio 2006 |
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Minuto 75, el cuarto árbitro
Essam Andel Fatal de Egipto, levanta el letrero
electrónico anunciando el tercer cambio
de Argentina, abandona Maxi Rodríguez
y lo sustituye Lionel Messi, la ovación
es desbordante, Pekerman escuchó el pedido
y le dio gusto a la hinchada.
Este viernes 16 de junio de 2006, queda registrado
como el día histórico en el que
debutó en los Mundiales la “Pulga”
más consentida de Argentina y la más
famosa del mundo, porque este pequeño
y talentoso jugador del Barcelona vio acción
en el momento indicado y en el partido indicado.
Igor Duljan fue el primer serbio en comerse
el regate con el que debutó Messi. Riquelme,
Tévez y Crespo levantaron su juego con
la llegada del talentoso jugador, a tal grado
que Argentina encontró la fórmula
para anotar tres goles más, dos de ellos
con la intervención de Messi, porque
al ’78 corrió la banda para enviarlo
al cierre de Crespo, para que éste concretara.
Y al ’88 se mandó un pique explosivo
por la derecha, para llegar a tiempo al cierre
y tocar a las redes su primer gol mundialista.
El de Messi es el caso de esos niños
pródigos que aparecen muy de cuando en
cuando; nacieron con la consagración
en la piel, con un lugar seguro entre los grandes,
candidato número uno al Premio FIFA para
el Mejor Jugador Joven.
No hay que perderlo de vista, es veloz, es vivo,
tiene habilidad, define con facilidad y en poco
tiempo le ha devuelto a los argentinos la ilusión
del 10, quizás no como Maradona, pero
sí muy cerquita de él, justo a
su lado, donde el mismo Diego lo elogia y lo
ubica.
Patricio
Barroche
Delantero
argentino, goleador en El Salvador
Toques por aquí,
goles por allá
Después de un debut poco
favorable para la selección albiceleste
en Hamburgo, donde parecía que la magia
de su fútbol se había quedado
atrapada tras varios años, la goleada
de 6-0 que le propinó ayer a Serbia y
Montenegro hizo que Argentina se reivindicara
ante su afición y ante los ojos escépticos
de quienes aún seguían pensando
que la sombra que persiguió a los gauchos
en mundiales pasados iba a ahogar el dinamismo
y el juego excepcional al que nos tenían
acostumbrados.
Pero lejos de ello, la frescura de jugadores
como Messi y la picardía de Cambiasso,
Saviola y Tévez le valieron para demostrarle
al mundo queArgentina volvió a ser la
de antes. El resultado no sólo aclaró
muchas dudas, sino que reconfirmó el
buen juego de los argentinos, que rompe con
todo esquema táctico. La gente pedía
más fútbol y lo tuvo hasta de
sobra. Riquelme fue el armador en la media cancha,
no hubo balón que no pasara por él.
Toques por aquí, giros de pelota por
allá, orden y cambio de ritmo en el momento
indicado fueron la combinación perfecta
para tener como resultado un juego efectivo.
Sin duda, la albiceleste brilló, pero
además divirtió y dejó
conforme al público. La confianza ha
vuelto. Y después de apagar las duras
críticas de las que fue objeto tras el
primer partido, ahora, ya clasificada a octavos
de final, a Argentina sólo le resta hacer
un juego excepcional contra Holanda y borrar
el mal recuerdo de 2002.