“Y ya lo ve…es
el equipo de José”
Los aficionados argentinos
en Gelsenkirchen vivieron con euforia una jornada
histórica. Hubo frases de elogios para
todos y hasta burlas para los serbios.
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El Diario de Hoy desde Alemania
Iván Miranda
Publicada 17 de
Junio 2006 |
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Qué decir de esta fiebre
albiceleste en Gelsenkirchen, simplemente loca,
pero loca de fútbol, con cantos, goles
e ídolos que como esta vez ante Serbia
y Montenegro nos hacen recordar ecos del 78
y del 86, todos con la misma coincidencia: Disfrutémosles,
porque tienen para llegar lejos, tan lejos como
lo hicieron los de Menotti y los de Bilardo.
Pero como decían los cantos en este hermoso
estadio… “Y ya lo ve… es el
equipo de José”, en alusión
a Perkerman.
Y es que hubo duelo más allá de
la cancha. El primero de ellos se dio en las
gradas, con los aficionados serbios silbando
el Himno Nacional argentino, y como respuesta
los sudamericanos silbando y abucheando hasta
no dejar escuchar el de los europeos. Hasta
en esto ganaron los de las franjas blancas y
celestes.
No hay que discutirlo, Argentina fue perfecta.
En el campo, los jugadores declamaron con el
balón: tres, cuatro, cinco toques, un
taquito y remate a gol, fútbol convertido
en poesía.
En los graderíos, los aficionados superaron
las expectativas, sus cantos, su creatividad
para apoyar a su equipo, las incontables mantas
con mensajes de batalla, que le daban al estadio
un maquillaje al mejor estilo del Monumental
o al de Boca, sino valore usted: “Soy
villero y tomo vino porque soy argentino”.
Hasta Maradona dirigió la orquesta, claro,
no en la cancha como en 1986, esta vez lo hizo
como un hincha más, camisa en mano y
gritando al ritmo contagiante del “Olé,
olé, olé cada día te quiero
más…sooooooooy de Argentina”.
Contagiarse de tanto entusiasmo es inevitable,
porque los Riquelme, Saviolas, Tévez,
Messi o como usted los quiera llamar, tienen
fútbol que enloquece y que hace bailar,
y no con la más fea, como dice el dicho
popular, es bailar entre las nubes y el cielo,
porque hasta esa bella combinación es
albiceleste.
Cantos que parecen rituales como el curioso
minuto 10, cuando el estadio explotó
con un impresionante “Marado…Marado…Marado”,
era evocar al ídolo indiscutible, era
encomendarse al santo del fútbol en Argentina,
era pedirle al más grande que intercediera
por ellos.
Y el Diego los escuchó, porque esta exhibición
fue de fantasía y de felicidad, presentando
a luminarias que celebraron con el entusiasmo
y desborde de pasión que seguramente
lo hacían cuando eran niños, porque
pintarle la cara al rival de esta manera es
para consentirse a uno mismo.
Con la goleada asegurada se mofaban del rival
cantando: “Un minuto de silencio…
para Serbia que está muerto”. Vaya
autoridad la de esta afición, que maneja
un guión que nunca deja de sorprender
y que enciende el estadio con gritos como el
de “El que no salte es inglés”,
recordando otra enconada rivalidad, cuya respuesta
consecuente agita el estadio con los saltos
de todos los argentinos. Simple, esta hinchada
vive y se sueña campeona, para lo cual
hasta el momento el traje les queda perfecto,
no lo olvide y tómelo en cuenta, porque
“Y ya lo ve… es el equipo de José”.
Gustavo
Flores
Redacción
Deportes
El Diario de Hoy
El jugador número
24
Argentina es el único
equipo del Mundial que cuenta en su plantel
con 24 jugadores. Es que tiene a una persona
que enciende como nadie a la afición
y les da un ánimo único a los
jugadores. Se llama Diego Maradona, es un verdadero
hincha de oro.
Su influencia es enorme para el equipo. En la
semana fue a la concentración argentina
y encendió a los jugadores que habían
tenido un pálido debut a pesar de la
victoria. Ellos, los jugadores, no dejan de
agradecerle el apoyo y hasta Messi confesó
ayer que Diego lo motivó en su debut.
Antes del partido se le acercó, lo aconsejó
y le deseó suerte: Y Messi entró
con todo.
Criticado hasta el hartazgo por sus conductas
fuera de la cancha, Maradona sigue fiel a sus
ideas:lejos de la FIFAy de la formalidad de
Pelé o Beckenbauer, quienes tienen tiempo
para criticar a sus Selecciones. Diego prefiere
mezclarse en la tribuna con los hinchas y gritar
como loco. No es una pose para la TValemana,
que se hizo un festín con sus imágenes.
No. Es un grito de corazón. Y algunos
entenderán porque en Argentina lo quieren
tanto.