En todos los Idiomas
En las calles de las distintas ciudades de Alemania se vive un clima festivo cualquiera sean las nacionalidades
| |
|
El Diario de Hoy desde Alemania
Periodista: Iván Miranda
Publicada 16 de Junio 2006 |
 |
En el idioma que sea, con los colores que se escojan, no importan las edades, ni el sexo, para el fútbol no existen distinciones, ni códigos que encubran el desborde de felicidad que las ciudades alemanas viven con este Mundial, el verdadero Mundial de los hijos del fútbol, porque como se diría hace cuatro años, el de Corea y Japón extrañó lo que se vive en el día a día de este verano alemán.
En Hanóver los italianos se tomaron la estación del tren para festejar el triunfo sobre Ghana, pasaban las 3:00 a.m. del siguiente día y los cantos de “Hay la mia Mama, Ghana no le gana ni a la suya Mama”, no paraban. Los africanos no se quedaron atrás: con tambores en mano, simpáticas bailarinas y ágiles contorsionistas respondían con bailes y cantos que obligan a más de algún italiano a responder con abrazos o besos.
Así amaneció Hanover, embriagada de Tifosi por todas partes.
Los desfiles de nacionalidades son interminables, curiosos mexicanos se dedican a sorprender con
su ya tradicional “viva México cabrones”, pero esa parte de la cultura mexicana se transforman en silencio cuando Berlín se convierte en Sambódromo.
Juega Brasil y hay que prepararse para el espectáculo. No precisamente el de Ronaldinho y compañía. Nos referimos al de la Torcida que pone la piel de gallina.
Originales como sólo ellos lo saben ser, disfrutan del fútbol, como diciendo esta es nuestra otra religión, hermosas mujeres imponentes con el clásico verde-amarelho hacen presas fáciles las miradas del más valiente que se les pone enfrente, porque no sólo son ritmo, no sólo son carisma, también enseñan más de lo razonable, desafiando a la más puritana de las mentalidades masculinas.
Así es la afición de Brasil, que extrañamente ante Croacia cedió respeto por los imponentes cantos y bengalas que embellecieron el cierre del partido. Entre ambas parcialidades le dieron vida mundialista al histórico estadio olímpico.
También el rítmico “Oeoee…Oeoee” de los locales merece mención, porque hay que quitarse el sombrero ante tanta pasión y locura futbolera, los alemanes demostraron que el fútbol es cosa de estas tierras.
Como ya lo dijimos, para el fútbol no hay idiomas, colores, ni distinciones, sólo disfrútelo y gócelo