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El huracán español

La Furia apabulló a los ucranianos, en teoría, su rival más fuerte del grupo. Fue una verdadera furia, con solidez y variantes ofensivas.

 
El Diario de Hoy desde Alemania
Periodista: Claudio Martínez

Publicada 15 de Junio 2006

 

No lo podían creer. Los aficionados españoles se miraban entre sí con incredulidad.

Iban apenas 17 minutos y la selección de Luis Aragonés ya le ganaba 2-0 a Ucrania, el rival que en los papeles parecía el más complicado.

No sólo eso, le estaba pasando en encima. En las gradas del repleto estadio de Leipzig primaba la calma y la mesura. Después de tantas decepciones, nadie quería celebrar antes de tiempo. Pero esta vez tenían motivos de sobra.

La cabeza de Xabi Alonso puso el 1-0 en una jugada enredada en el área y David Villa, de tiro libre, anotó el segundo. España era literalmente una furia, un equipo rápido, con variantes ofensivas y muy seguro en defensa. Ucrania seguía desaparecido. Y las pocas veces que le llegó la pelota a Shevchenko, siempre apareció Puyol para cerrarle los caminos.

Tanta superioridad en todos los sectores del campo de juego merecía una diferencia mayor de goles. Senna acaparaba las pelotas en el medio, Pernía generaba peligro y Luis García estaba iluminado.

Entonces apareció la jugada que terminó de matar al moribundo Ucrania. Vashchuk le quita limpiamente la pelota a Fernando Torres en el área, pero el árbitro decidió premiar a España con un combo inmejorable: penal y expulsión del jugador ucraniano. Quizá el suizo Massimo Busacca, juez del encuentro, recordó en ese momento que José María Villar, presidente de la Comisión de Árbitraje de la FIFA, es español.

 

Y habrá querido hacer méritos con su jefe. O compensar los errores arbitrales en el Mundial pasado -¿se acuerdan del egipcio Gandour?- que mandaron a casa a los ibéricos antes de tiempo. Del resto se encargó David Villa, que no falló desde los doce pasos y sentenció el partido cuando todavía quedaba casi un tiempo.

Con tres goles abajo y un hombre menos, Ucrania tuvo claro que jamás sería capaz de remontar el resultado. Además, por si fuera poco, el calor asesino de Leipzig empezó a hacer efecto entre los ucranianos. “Es imposible jugar con este clima”, se quejó el entrenador después.

La alta temperatura fue letal para todos. Desde las gradas, el Príncipe Felipe se secaba la transpiración con elegancia mientras su esposa Letizia bebía cerveza en un vaso plástico. Cerca de allí, unos siete guardaespaldas protegían a un acalorado Diego Maradona, quien comentó el partido para el Canal 4 de España.

De eso se platicaba en la cancha, porque el segundo tiempo estuvo casi demás. Sirvió para que Luis Aragonés -que lleva 23 partidos invicto desde que asumió en la selección- le diera espacio a Raúl para que este ganara confianza.

Si además hubiera puesto a Di Stéfano, Pirri y Butragueño -lamentablemente no estaban en la lista de los 23- nada hubiera cambiado, el resultado no habría corrido riesgos. Ucrania era un equipo entregado.

Al 81’, Fernando Torres culminó con un potente remate una gran jugada colectiva que comenzó en los pies de Puyol, un símbolo de lo que es esta selección. No es un exquisito, nunca lo fue, pero deja la vida en cada pelota.

España ya se deshizo del que se suponía su único rival serio de su grupo y tiene la clasificación en las manos. Sin embargo, tanto aficionados como los propios jugadores, no dan nada por sentado. “Preferimos ir paso a paso”, dijo David Villa.

Y ese mismo concepto, vestido con otras palabras, fue el mensaje de todos. Creen que esta vez hay una España diferente, pero todavía no se atreven a decirlo públicamente.

El mejor arranque de la historia

España se estrenó ayer en Alemania 2006 con una goleada por 4-0 a Ucrania, un hecho sin precedentes en la historia de “La Furia” en los mundiales, donde acumulaba más tristezas que alegrías en sus 12 arranques mundialistas.

El estreno alemán sigue la línea marcada por el de Corea/Japón 2002, gracias a la victoria sobre Eslovenia en Gwanju por 3-1, con lo que cuadro dirigido entonces por José Antonio Camacho acabó con medio siglo de sinsabores.

Hasta entonces, España sólo había vencido en su debut en sus dos primeras comparecencias, en Italia’34 y en Brasil’50, por 3-1 a Brasil y Estados Unidos, respectivamente.

A partir de ahí, los primeros encuentros de las selecciones españolas se habían saldado con decepciones.



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