Con el corazón en la boca
Argentina logró una apretada victoria ante costa de marfil que mereció mejor suerte. Al final terminó contando los minutos y con mucha angustia frente a los africanos
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El Diario de Hoy desde Alemania
Periodista: Claudio Martínez
Publicada 11 de Junio 2006 |
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Tres puntos, dos goles convertidos, un tanto mal anulado y muchas dudas. Ese es el saldo que dejó el debut de Argentina en Alemania 2006. Lo único rescatable del equipo de José Pekerman es la victoria 2-1, producto más de la suerte –decisiva en estos torneos cortos– que de su producción en el campo de juego.
Costa de Marfil, liderado por un Drogba hambriento de gloria, no sólo mereció el empate, sino que debió haberse llevado la victoria. El fútbol no siempre premia al mejor: ayer en Hamburgo se cometió una gran injusticia.
Puede ser contradictorio si se tiene en cuenta que Argentina debió ganar 3-1, ya que Roberto Ayala anotó un gol legítimo al 14’ con un potente cabezazo que traspasó al marco de Tizie y que la moderna TV alemana, a través de una reconstrucción virtual de la jugada, demostró que fue gol. Pero eso no cambia el concepto. Argentina mereció perder.
Con más de 20,000 personas vestidas de celeste y blanco agitando banderas y gritando “el que no salta es un inglés”, sumado a la presencia de Diego Maradona en las tribunas luciendo la camisa Le Coq Sportif con la que Argentina logró el título en 1986, todo parecía estar en orden.
Pero cuando empezó el partido quedó claro que si Costa de Marfil estaba durante el sorteo en el grupo de los más débiles, era únicamente por ser novata.
El conjunto del francés Henry Michel no se guardó nada. Le jugó de igual a igual y en ese intercambio de ataques netos fue superior.
Pero al 24’ apareció Hernán Crespo para empujar una pelota que cabeceó Heinze y puso el 1-0, confirmando que siempre aquel que lleva la camisa 9 es el primero que anota para Argentina en un Mundial. En 1994, 1998 y 2002 el encargado fue Batistuta.
Los africanos, con buena circulación de media cancha para arriba y dos jugadores inspiradísimos como Kalou y Keita, siguieron siendo los dominadores. Primero Kalou tuvo el empate, después Ayala se lo quitó a Drogba, luego falló Kalou y otra vez Abbondanzieri se lo tapó a Yaya Toure.
Cuando se venía venir el empate, un magistral pase de Riquelme –lo único que hizo en 90 minutos– le permitió a Javier Saviola definir con un toque suave ante la tardía salida del flojo portero Tizie. Iban 38’ y todos pensaban que Costa de Marfil estaba destruido anímicamente después de semejante esfuerzo y tan poca recompensa.
En la segunda etapa, Argentina se paró mejor y aguantó la presión, aunque salvo una combinación entre Saviola y Maxi Rodríguez no llegó más. Su rival, en cambio, siguió insistiendo y sumó cada vez más gente al ataque.
Con Drogba mejor acompañado, la cosa fue diferente. Argentina daba la sensación de fragilidad, sobre todo cuando encaraban por la lado de Burdisso, aunque Sorín tampoco tuvo su mejor noche. Eso sí, Abbondanzieri increíblemente mostró la seguridad y la serenidad que todos le reclamaban desde hace tiempo.
Los elefantes –cuyo único defecto fue su débil defensa– necesitaban un gol que le diera empuje, pero llegó demasiado tarde, al 82’. Drogba encontró una pelota en el área que definió de media vuelta, con mucha clase, y se abrió el partido. Argentina ya se había quedado sin Crespo y sin Saviola y perdió todo peso ofensivo en el último tramo.
La gente pedía a Messi, pero Pekerman prefirió a Palacio y Lucho González, que sólo aportaron confusión.
Y entonces tuvo que sufrir. Aguantó como pudo, pasó varios sofocones, hizo tiempo y al final pudo celebrar, pero se quedó con un gusto amargo en la boca.
Costa de Marfil, en cambio, salió frustrado pero se fue con mucha dignidad. Además, envió un claro mensaje a Holanda y Serbia y Montenegro, sus otros rivales. Para derrotarlos van a tener que jugar muy bien. O tener mucha suerte.