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Aplausos a la ofensiva

Tras el partido, los alemanes salieron conformes con el ataque, pero también reconocieron sus problemas defensivos.


La mayoría de los jugadores alemanes se mostraron satisfechos con la victoria lograda ante su público en el partido inaugural del Mundial de Alemania 2006 que lograron en Münich ante Costa Rica.

Lukas Podolski, de 21 años, festejó poder celebrar no sólo la victoria, sino el hecho de estar presente en un Mundial. “A mi edad disfrutas del hecho de estar aquí y de todos los momentos, por lo que el haber ganado no lo puedo considerar un alivio”, afirmó el alemán de origen polaco, que, no obstante, admitió la importancia de haber vencido en el primer partido del campeonato.

“Es muy importante haber sumado los primeros tres puntos, porque miras hacia adelante con tranquilidad. Ahora nos espera Polonia el miércoles, aunque ése ya será otro partido completamente diferente”, indicó Podolski.

Bastian Schweinsteiger señaló que “haber metido cuatro goles está bien, pero tampoco hay que pecar de optimismo. Hay cosas...digamos que... hubiese preferido acabar dos a cero. Adelante estuvimos bien y ellos no tuvieron muchas posibilidades”, indicó”.

Guimaraes tiene fe

Alexandre Guimaraes, técnico de la selección de Costa Rica, consideró que pese a la derrota de su equipo ante Alemania (4-2), en el partido inaugural del Mundial, el juego le da “unas enormes esperanzas”. “Teníamos claro que, más allá del resultado, el partido nos debía de indicar las posibilidades reales para lograr los puntos en los partidos que nos quedan y dentro de eso, el volumen de juego que mostró, a sabiendas de que también hubo desfases, nos da unas enormes esperanzas, porque sabemos que el equipo va a mejorar y tiene posibilidades”, dijo.

El derecho tico de soñar

Nunca me lo habría imaginado, pero ayer, la ciudad entera de San José, Costa Rica, se paralizó durante más de tres horas por la mañana debido al juego de apertura del mundial, cuando la selección se enfrentó al equipo de Alemania.

Yo caminaba por las calles hacia mi hotel, incapaz de encontrar un taxi, cuando a las 10:12 de la mañana el intenso griterío de miles de personas se escuchó por toda la ciudad. Me congelé. Una cosa es escuchar gritos de júbilo en un estadio; otra, muy diferente, en una ciudad. Pero no había nada que temer. Ese loco delirio marcaba el momento del gol de Wanchope. Algo inolvidable se inició: los ticos se dieron el envidiable lujo de soñar.


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