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Un nuevo Mundial está entre nosotros

Ha llegado la hora de la máxima fiesta deportiva del planeta. Ha llegado la hora de este evento que sobrepasa y altera cualquier actividad normal de la vida cotidiana.

Publicada 8 de junio de 2006

 
El Diario de Hoy desde Alemania
Periodista: Morgan Bojórquez

Publicada 8 de Junio 2006

Ha llegado la hora para que presos se amotinen pidiendo que les dejen ver los partidos por la tele, es el momento de declararse enfermos de una epidemia que casualmente se alivia después del pitazo final; es la hora para que la bolsa de valores de Brasil cierre en la hora de mayor actividad bursátil porque juega la verdeamarelha.

Es el momento para que los congresistas se desaparezcan y las leyes esperen 90 minutos más…. En fin el mundo esta paralizado. El padre Chepe muy astuto instalará teles en el iglesia para que los puritanos no le falten a misa.

Es el mes de la amante redonda y abandono conyugal y las actividades personales por perseguir a esa otra dama que le llaman balón. En fin, es época de los Mundialistas, un mes de locura futbolista y peregrinación virtual que nos transportará a las tierras santas alemanas a venerar a los máximos dioses del fútbol en 12 soberanas catedrales….

Unos dicen, es un mundial más, pero cada mundial es simplemente “El Mundial” y no admite comparación. Es cada 4 años, pero es como si fuera cada día, se espera ansiosamente con la ilusión infantil que nos hace vibrar intensamente.

Aún para veteranos como nosotros que nos aprestamos a nuestro mundial numero 11 consecutivo, con 40 años de peregrinaje desde Londres a Berlín y todavía nos da esa ilusión que nos rejuvenece, aún teniendo más canas y achaques, pero creando más fantasías y desborde de locura, pero dándole gracias a Dios, el poder asistir de nuevo a un evento de esta magnitud.


Un mundial no es cualquier cosa, es algo que sobrepasa todos los cánones de cordura escritos para las personas normales. El mundial es para los “Mundialistas”, esos seres raros que amanecen trasnochados y empiezan a hablar por un mes en un lenguaje que solos los dioses mortales que llegan de las favelas de Brasil, de las dachas israelíes, de las pampas argentinas, de u suburbio de Chicago, de una ciudad destruida del oriente medio, de las calles empedradas de Liverpool, de una playa caribeña, de las tierras bajas de Europa media, de una torre de apartamentos de Tokio, o simplemente de Santa Tecla.

Ellos hablan diferentes idiomas, se alimentan de diferentes comidas, oran en diferentes iglesias, se visten muy diferente, gritan cosas que no se entienden, tienen tonos de piel de varios colores, pero todos se reúnen alrededor de esta fiesta como si fueran viejos conocidos que entienden ese mismo lenguaje que nadie supo enseñarles con antelación y con el cual ha crecido y viven y suspiran y vibran, cuando esos señores de negro se atreven a soplar su silbato para dar inicio a 90 minutos de locura.

Bien, infectados de esta fiebre mundialista, todos nos transportamos de nuevo a este “Mundial”, que al igual que a ustedes amigos lectores, nosotros también estamos contagiados con esa locura similar y esa pasión que trataremos de transmitírselas para que también puedan vivirlo como nosotros. Ese es nuestro propósito.

Somos todos mundialistas, al igual que los 736 jugadores, los 32 entrenadores, los 23 árbitros. Todos los más de 5000 periodistas que asistiremos, los más de 3 millones de aficionados que presenciaran los partidos y los casi 314 millones de televidentes por partido, que estando en casa, en cualquier rincón del mundo y quizás hasta en otros planetas, se emocionaran y que desde ya, se harán acreedores también a esa etiqueta que los define como los auténticos Mundialistas de Alemania 2006.

Para todos, el Mundial es una enorme reunión que nos engloba generando pasiones, que nos impacta y desata emociones. Para otros es una cita de amor y dolor, un matrimonio con la gloria o un divorcio total de las ilusiones. Cada uno sabrá decir su versión mundialista, pero cada uno tendrá su propia historia que contar.

Ha quedado atrás el proceso donde 194 naciones jugaron 847 partidos, anotando 2464 goles. y ahora solo son 32 países que a lo largo de 64 juegos nos dejarán a un soberano que ganando su 7º partido será coronado como los dioses de esta pasión que llamamos fútbol, football, calcio, soccer, etc, y cuya recompensa es una estatuilla prestada de oro macizo de 14 pulgadas de alto y casi 11 libras de peso. Nada menos.

En fin, el medial es de los “Mundialistas” y los mundialistas somos todos. Ya sea usted Amigo, sentado en el estadio de Gelsenkirchen, dentro de la cancha en Frankfurt o en la comodidad de su hogar en la Zacamil viendo el Canal 4. Es decir, en cualquier lugar del planeta

Bienvenidos a bordo del vagón de la XVIII edición, disfrútenle sanamente y que Dios nos acompañe a todos en esta nueva aventura mundialista de Sudáfrica. Perdón ya me fui uno adelante, digo de Alemania 2006.


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